Un papa para el cambio

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Es obvio que el nuevo papa está marcando las líneas maestras de lo que será su pontificado. Su desafecto con la curia es evidente, lo cual significa que quiere ir más allá de la simple renovación de los dicasterios  –órganos que ejercen las funciones legislativas, ejecutivas y judiciales en el Vaticano.  
Exhorta a obispos y sacerdotes a servir verdaderamente a Cristo. Y cuando estuvo en Río les dijo que su verdadero compromiso estaba en las favelas  –¡a pie de obra! – y no en los despachos de los palacios arzobispales. Jorge Mario Bergoglio está intentando cambiar las cosas, todo indica que está iniciando una revolución en el seno de la Iglesia.
Habla contra el aburguesamiento del corazón, predica contra los abusos, contra las injusticias sociales, pide las cuentas claras en las finanzas del Vaticano, y exhorta a los cristianos a no tener miedo y a ser solidarios. Apuesta por los más necesitados, por la dignidad humana, por la fraternidad, pero sobre todo, hace apología al amor cristiano. Sabe que el Vaticano se desvió de su misión y que su banco se ha convertido en una auténtica “bolsa de valores”; sabe que todo eso nada tiene que ver con el Evangelio.
Hace años que la Iglesia estaba esperando un hombre así –en realidad lo necesitaba urgentemente. Su discurso vertical, sobre todo contra el orden establecido, no deja lugar a dudas. Se posiciona contra la intolerancia, la marginación, básicamente contra toda clase de discriminación. Su discurso “urbi at orbi” suena como un paquete de medidas morales, con lo cual, está cautivando la simpatía y admiración de muchas personas, incluidas las no creyentes. Además, su discurso puede ser asumido desde cualquier posicionamiento político. Cada día sorprenden más sus “salidas de tono”. Cuando dice que la Iglesia debe dejar de estigmatizar a los homosexuales, cuando dice que ni él mismo es quién para juzgarlos, sin duda está recuperando los auténticos valores del cristianismo.   
Hubo un papa que también intentó cambiar la Iglesia –quizá el único–, se llamaba Angelo Giuseppe Roncalli, más conocido como Juan XXIII. Le llamaban “Il Papa Buono” (el papa bueno). En su breve pontificado –apenas duró cinco años– realizó grandes cambios, entre ellos  convocar el Concilio Vaticano II, lo cual casi ocasiona un cataclismo dentro de la institución eclesiástica. Su encíclica más famosa, “Pacem in Terris” (1963), fue la columna vertebral de su posicionamiento pacifista, de amor por la humanidad. Además, dicha encíclica fue escrita en plena guerra fría, lo cual tuvo un gran significado. En realidad, era un hombre que creía firmemente en el diálogo, sin ninguna fisura o duda, estaba convencido de que dialogando se podían entender las personas. Sin importar las diferencias políticas o religiosas.
Todo parece indicar que el papa Francisco está siguiendo sus huellas. Hace unos días ofició una misa ante 300.000 personas, delante de la catedral de Calgliari (Cerdeña), y dijo que “el actual sistema económico nos está llevando a una tragedia. Vivimos las consecuencias de una decisión mundial, de un sistema económico que idolatra a un dios llamado dinero”.
Atacó frontalmente, sin circunloquios, al capitalismo financiero, también a la cultura del “usar y tirar”. Y al actual modelo de globalización que sólo está favoreciendo a las transnacionales y a los poderosos. Cualquier persona, creyente o no, pero de buena voluntad, puede asumir ese discurso en su totalidad.
Es evidente que si la Iglesia no realiza cambios, pero no cosméticos, sino cambios como Dios manda (¡nunca mejor dicho!), difícilmente podrá sobrevivir al tercer milenio. Su imagen está muy dañada y deteriorada, sobre todo, desde que se destaparon tantos casos de pederastia y corrupción.
Casualidad o no, el discurso del papa Francisco también empieza a estar  en consonancia con la película de Pier Paolo Pasolini, aquel genial director de cine italiano que hiciera “El Evangelio según San Mateo”, que además fuera dedicada al papa Juan XXIII. En todo caso, la historia tendrá la última palabra de su pontificado.

 

Un papa para el cambio