Una pregunta sin respuesta

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Estamos en los últimos días de campaña y Sánchez continúa sin responder a dos preguntas sustanciales. La primera no deja de hacérsela Iglesias: ¿Gobernará con Podemos o con Ciudadanos? La segunda es más peliaguda: ¿En caso de que sean condenados los líderes del proces’a los que se juzga en el Supremo, su Gobierno les indultaría?
Es una pregunta que se la vienen haciendo a Sanchez tanto Rivera como Casado amén de los periodistas. Y no solo al presidente, también al resto de los dirigentes del PSOE, pero todos la esquivan con respuestas alambicadas. Claro que cuando nadie se “moja”, es fácil intuir qué va a pasar cuando llegue el momento.
Si Sánchez no tuviera intención de indultar a los dirigentes del proces en caso de que sean condenados, su respuesta sería un “no” rotundo. Pero si no dice ese “no”, tendrá que convenir que podamos desconfiar de él y, por tanto, pensar que tanto da lo que decida el Supremo porque Sánchez y los suyos ya tienen decidido el perdón para los responsables de haber quebrado la convivencia en Cataluña y de haber intentado un golpe contra la Constitución.
Sánchez no responde a estas preguntas porque sabe que si dice la verdad eso le resta votos. En el caso de con quién va a gobernar el problema para el PSOE no es que lo haga con Ciudadanos sino con Podemos. Hay muchos votantes que no quieren un gobierno nítidamente de izquierdas. Otros sí, claro está, pero el electorado continúa moviéndose en el centro. En cualquier caso los ciudadanos tenemos derecho a saber qué van a hacer los candidatos a presidente; no tienen derecho a hurtar a los ciudadanos sus intenciones, porque hacerlo supone una falta de respeto amén de un engaño.
Si las encuestas aciertan y Sánchez gobierna, debemos saber si entre sus planes está enmendar la plana al Supremo, en caso de que decida penas para los líderes del proces, tiene la obligación de explicar por qué. Los ciudadanos no somos menores de edad que no podamos comprender el porqué los políticos hacen una cosa u otra.
Vaya por delante que creo que la obligación de cualquier Gobierno es tender puentes de diálogo para arreglar el problema en Cataluña; eso sí, siempre dentro de los límites de la Constitución. Por tanto el Gobierno que resulte de las urnas tendrá que buscar interlocutores capaces de ponerse a trabajar en devolver la normalidad política a Cataluña, una normalidad quebrantada por los independentistas irresponsables. Pero el Gobierno que resulte del 28 de abril también deberá buscar un consenso con las fuerzas parlamentarias para reflexionar sobre una posible reforma de la Constitución que pudiera afinar aún más nuestro Estado autonómico.
Al igual que no es asunto menor conocer con quién está dispuesto a gobernar. Y hago hincapié en las intenciones de Sánchez puesto que parece que es quien va a tener posibilidad de formar gobierno.Lo imperdonable es la política de trastienda, la que se hurta a la opinión pública, la que trata a los ciudadanos como menores de edad.  

 

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