Un sainete

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"Orden más contra orden igual a desorden”. Este viejo aforismo castrense resume bastante bien el vaivén de la agenda política del presidente del Gobierno. Todo el mundo sabe que Pedro Sánchez esta maniatado por sus acuerdos con ERC, pero nos faltaba ver cómo los separatistas hacían ostentación de su poder apretando la cuerda. Todo ello a cuenta de la reunión de Sánchez con Quim Torra anunciada para el día 6 de febrero, posteriormente aplazada sine die a la espera de saber cuándo Torra convocaba elecciones en Cataluña y de nuevo confirmada en fecha y lugar tras una inopinada, y, según algunas crónicas, intempestiva presencia en La Moncloa del diputado separatista Gabriel Rufián. Esquerra tiene la llave de los Presupuestos que Sánchez necesita para asegurar al menos los primeros dos años de legislatura. Y ya se sabe que quien tiene la silla alquilada no se sienta cuando quiere.

En política las formas cuentan porque dan cuenta del fondo de las cosas. Aprovechando la guerra abierta que se traen entre sí los separatistas Sánchez creyó llegado el momento de jugar un juego paralelo en la idea de que esa fractura podía aparejar una rebaja en las exigencias de ERC. Olvidó que para ellos apoyar al PSOE en Madrid es un hecho instrumental. Les sirve en cuanto subraya la debilidad parlamentaria de los socialistas y pueden aprovecharla para sus fines. Que no ocultan, al contrario, los proclaman, como hizo Oriol Junqueras en su comparecencia ante la surrealista comisión del Parlamento de Cataluña que “investiga” ¡como si no supieran! por qué fue aplicado el Artículo 155 que legalmente permitió al Gobierno Rajoy, por cierto, con el apoyo del PSOE, suspender temporalmente la autonomía. La presencia de Rufián en La Moncloa fue una demostración de fuerza. Tienen a Sánchez atrapado y quieren que se note. Si Sánchez y su gurú y supertodo Iván Redondo creen que la mejor táctica para domesticar al tigre es meterse con él en la jaula para convencerle de que se haga vegetariano, cometen un error. ERC que ya ha conseguido que el Gobierno admita que está dispuesto a promover una reforma exprés del Código Penal para rebajar la pena de prisión a los delitos de rebelión va a seguir ordeñando la vaca hasta que se seque. A diferencia de Pedro Sánchez y su tendencia a decir lo uno y lo contrario, ellos no engañan. Van a lo suyo. Lo dijo en la sesión de investidura una de sus diputadas: la gobernabilidad de España les importa un comino. El sainete no ha hecho más que empezar.

Un sainete