La regeneración en España: ¿es una utopía o una forma de identidad?

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La palabra regeneración se suele usar como el antónimo de corrupción. Esta preocupación no es novedosa, viene de lejos. Ya en los siglos XVI y XVII la utilizaron los arbitristas (solución de arbitrios propuesta por la escuela de Salamanca), para superar la decadencia de España en la época de los últimos Austrias; y en el XVIII, irónicamente aplicada a los deseos borbónicos, con el proyectismo de la Ilustración. Pero, el mimo deseo de regeneracionismo llega a nuestros abuelos, a fínales del XIX, como consecuencia del agotado sistema político de la Restauración, fundado por Cánovas a partir de 1875.
Aquella alternancia de partidos, y la continua deriva de segregaciones personalistas de los mismos, con nuevas siglas y enfrentamientos cainitas que, nos llevaron a una falsa estabilidad, dominada por los caciques con pucherazos electorales, el reparto geográfico de provincias y comarcas como fincas familiares, las fraudulentas desamortizaciones en beneficio de una oligarquía endogámica, la localización privilegiada de una burguesía industrial que, en la región vasca y catalana, generó un pobre proletariado, y en otras regiones al campesinado, propiciado por la falta de alfabetización de la mayoría de españoles, y muy bien definido por el aragonés Joaquín Costa con su lema “Escuela, despensa y doble llave al sepulcro del Cid”.
Aparece de nuevo la necesidad de regeneracionismo, en ese momento como un movimiento, con intelectuales de carácter fuertemente transversal, con talante conservador, progresista, tradicionalista y republicano. Es un sentimiento pesimista, reforzado con el tono literario y artístico de la conocida generación del 98. Una consecuencia nostálgica, por la pérdida de las últimas colonias españolas en Cuba, Puerto Rico y Filipinas, y por la impostura de aquellos políticos y militares de vida poco ejemplar, únicos y verdaderos responsables poniéndose de perfil, durante muchos años, ante la reivindicación real de la gran mayoría de los ciudadanos españoles, de ambos continentes, a los que habían ignorado.
Julián Sanz del Río, introduce la filosofía krausista de libertad de conciencia, ideas que se van reflejando en múltiples revistas de la época, como La Revista Contemporánea fundada por José del Perojo, con la colaboración de miembros de la Institución Libre de Enseñanza, tales como Rafael Altamira, Rafael María de Labra y Urbano González Serrano, personajes que consiguieron importar corrientes estéticas y filosóficas europeas, rompiendo así la vinculación con la tradición cultural española. Otra es La España Moderna, fundada por Lázaro Galdiano, con la que colaboran figuras como Ramiro de Maeztu y Miguel de Unamuno. También es importante la revista Nuevo Teatro Crítico, con Emilia Pardo Bazán prácticamente como única autora, en la que expuso desde sus teorías literarias, hasta su pensamiento marcado por el europeísmo y, un sincero feminismo.
Esta corriente regeneracionista, formada por escritores, políticos y pensadores como Santiago Alba, José Canalejas, Manuel Azaña. Benito Pérez Galdós, Juan Pío Membrado Ejerique, Julio Senador Gómez, Constancio Bernaldo de Quirós, Antonio Rodríguez Martín, Luis Morote, Ramiro de Maeztu, Pere Corominas, Adolfo Posada, Basilio Paraíso Lasús, Francisco Rivas Moreno o José Ortega y Gasset, quienes principalmente prolongaron este movimiento intelectual hasta el estallido de la cuarta guerra civil española en 1936. Hoy volvemos a hablar de regeneracionismo, y a poner a cero un sueño, como si nunca existiera.
Parece que estamos en el día de la marmota, empezando siempre, tal vez por la ignorancia de nuestra historia o, por los fuertes intereses creados por los partidos, los sindicatos, la banca, la iglesia, la prensa, la policía, etc. Acaso, ya no tenemos figuras intelectuales que se atrevan a poner los puntos claros sobre las caducas instituciones y, sobre los políticos actuales de vida poco ejemplar. Todo, se convierte en un infantil reality show televisivo sin consecuencias, que regenere el sistema democrático y continuar sin demócratas.
El modelo de los dos partidos alternantes volvió como una solución en la transición del 78, y lo cierto es que, alcanzando mayores cotas de corrupción, actuando otra vez de perfil con la misma impostura (de sus abuelos), con políticos de vida poco ejemplar, verdaderos responsables de la corrupción actual.
La verdadera regeneración, tal vez, se alcanzaría con intelectuales críticos, valientes con sentido de estado, para que no se vuelvan a propiciar los dos bloques clásicos: Frente Popular o Movimiento Nacional (izquierda o derecha). Si pedagógicamente los intelectuales corren el peligro de olvidar el derecho a la igualdad y libertad del ciudadano soberano, en beneficio únicamente de intereses creados, puede ser que, la regeneración resulte necesariamente, ¿una utopía o una forma de identidad propia en España?
 

La regeneración en España: ¿es una utopía o una forma de identidad?