Voces enlatadas

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Los millenials y la actual generación “z”, tanto unos como otros, somos un poco anti sociales en ciertos aspectos. Véase la comunicación telefónica para ciertos servicios como, por ejemplo, pedir una pizza a domicilio. Casi todo lo que implique llamar y hablar con una persona desconocida nos da rechazo. Supongo que esto se debe a que nos han ido gestando hacia la vida adulta dentro del uso de sistemas informáticos que te permiten cubrir tus necesidades sin tener contacto obligatorio con otro ser humano. Y nada, que nos hemos vuelto un tanto ásperos. Así es que yo cada vez que tengo que encargar comida china o pedir una cita médica, lo hago online o hablándole a un contestador. A mis padres, por ejemplo, esto les horripila porque son baby boomers y les gusta el trato directo con el señor del banco, con la de la tienda de telefonía y esas cosas. Son más sociables, pero se adaptan peor al uso de nuevas tecnologías. Y eso que ni tan mal lo hacen, ¿eh? Buena maestra que tienen.

Total, que esto venía a que hoy tenía que solicitar información sobre una cita del Sergas y me puse a conversar con el “servicio automático de atención telefónica”. Aquí el amigo fue bastante amable, pero un poquito corto y acabamos teniendo un momento de risa. Resulta que estaba escuchando todas las opciones que me ofrecía, una tras otra, pero ninguna se adecuaba a lo que yo quería y cuando llegué a un punto de desesperación álgido, me salió un suspiro desde lo más profundo del alma, diciendo: “Ay, la Virgen...” A lo que el contestador me dijo: “lo siento, pero no le he entendido” y me hizo tanta gracia, que tuve que colgar por miedo a que acabase por ponerse al aparato un PSX de esos y me encontrase al otro lado del teléfono a carcajada limpia. 

Situaciones como estas son las que me hacen darme cuenta de lo ridícula que es la interacción con un bot y lo tontos que somos en el fondo los que preferimos esa opción antes que hablar con una persona de carne y hueso mortal, entrañablemente humana. Que no por ello vamos a cambiar, eso lo tengo claro, porque ya es intrínseco a nuestra naturaleza. Además, lo que sí tienen que reconocerme, es que a veces, se ahorra tiempo. Porque yo desde que no hago colas en el banco y gestiono todos mis millones vía online, he ganado en salud. Ahí lo dejo. 

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