Interior

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Las pocas luces son consustanciales con el ministerio Fernández D., para tener más tendría que ser de exterior, y en ese caso ya no sería de interior.
De lo que se deduce que un buen ministro en ese ramo romo ha tener pocas luces. Sin embargo, aún hay quien lo tilda de iluminado. Lo hacen por su pasión por el santoral. Es un hombre de fe, solo eso, por qué no pensarlo, tanta que no duda en conceder condecoraciones a sus criaturas celestes como si fuesen élite de brigada policial.
Estábamos en la duda de si sería más iluminado que oscuro o viceversa cuando nos alcanza la noticia de que el bueno de Díaz departió con el director de la Oficina Antifraude de Cataluña. Organismo independiente cuyo director nombra el parlamento catalán. Y que en la conversación ambos se comportaron como reinonas de viernes de creación cabaretera. Quitaron y pusieron presidentes, alentaron sospechas, ignoraron lo delictivo, y delinquieron hasta en lo afectivo. Ambos salieron de allí con la clara percepción de haber prestado un gran servicio a la patria.
Y lo hicieron, victimizaron a los nacionalistas y pusieron en duda todas las investigaciones anticorrupción que se han llevado a cabo en esa Comunidad. La oficina de fraude, pese al teatro, no defraudó. Y el ministro tampoco. Demostrando lo mucho de sus tinieblas y lo poco de sus luces. Ahora se habla de cloacas, esas, supongo, por las que los hombres de fe caminan de la mano de los fanáticos.

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