Miedo

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Quizás sea hora de rescatar algunas de las opiniones a raíz de la invasión de los EEUU de Afganistán. Gore Vidal, en 2001, adelantaba: “No se me ocurre que pueda salir nada bueno de un país que se siente en posesión de la verdad que está dispuesto a imponer, de grado o por la fuerza, su sistema de vida al resto del mundo”. Ahora, al cabo de los años y después de los sucesivos atentados en Europa que han terminado en la matanza de París, hay algunas preguntas. ¿Desde cuándo alguna de las invasiones patrocinadas por América ha arribado a buen puerto? ¿Desde cuándo se ha exportado la libertad o la democracia? Seguimos con Gore Vidal: “Nuestra forma de democracia es el soborno, a la mayor de las escalas”. Y visto lo visto todo este ojo por ojo y diente por diente ha sembrado el mundo de miseria y destrucción; añádase a esto la demagogia fundamentalista de uno y otro lado. Sobre la miseria, la pobreza y la destrucción crecen los radicalismos, las manipulaciones y no la democracia o la libertad. Nada bueno crece sobre la mentira, aunque ahora la verdad ya se ha perdido y todo es sangre y confusión. Todo lo que nos ocurre a nosotros son “crímenes contra la humanidad”, ¿qué son los que les ocurre a ellos? ¿Cómo les llamaríamos? Al mismo tiempo que ocurrieron los hechos criminales de París, en Yemen mataban en un atentado a 48 jóvenes que se estaban preparando para policías; apenas Occidente se ha hecho eco de esas muertes. A veces tengo la sensación de que nosotros no podemos tener miedo, que solo pueden tener miedo los otros; de alguna forma alguien nos está convenciendo de que somos los elegidos en un paraíso de infelices. Robert Jensen, en 2001, decía : “Debemos también estar de acuerdo en la urgencia de no valorar más las vidas de los norteamericanos inocentes que las vidas de otras personas inocentes de otros países”. Quizás este sea nuestro gran error. Madres hay en muchos sitios, niños y padres, todos intentando salir adelante con sus creencias, pero hemos trasladado nuestro demonio a culturas que no son las nuestras y hemos, lo queramos o no, radicalizado el mundo. A lo mejor es que la consigna sigue siendo, como nosotros sabemos: ¡Hay miedo, vamos a ganar dinero! No, nada puede justificar lo sucedido en París, en España, en Inglaterra, en EEUU, pero tampoco en la otra parte del mundo, en ese Oriente mágico lleno ahora de balas y de sangre. La democracia no se puede exportar pero sí la ignorancia. Y ella es a menudo rentable.

 

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