AMANDAR Y OBEDECER

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Siempre hubo quien mandó y quien obedeció. Ya desde los tiempos del big bang, que la Biblia describe de una forma inteligible, alejada de las áridas explicaciones científicas. “Hágase la luz y la luz se hizo”. Esa fue la primera orden que dio Dios, a la que sucedieron varias más hasta que al séptimo día descansó. Durante esas seis jornadas laborables también creó al hombre, al que, por supuesto, le dio una orden: “Creced y multiplicaos”. Sin embargo, cumplir ese doble mandato no es sencillo, por eso hay quien prefiere crecer –por ejemplo, Gasol– y quien prefiere multiplicarse –por ejemplo, Ruiz-Mateos–, pero sobre gigantes que sean padres de familia numerosa no existen datos que se puedan considerar fiables.

A medida que evolucionó la especie humana, también se fue perfeccionando la manera de dar las órdenes y, en paralelo, la de obedecerlas. Los expertos lo denominan el avance de la pedagogía. Los niños prefieren llamarlo respeto a su integridad física. Se ha pasado del “niño, no saltes en el sillón” seguido de un tortazo al “la butaca no es el lugar indicado para ejecutar ejercicios gimnásticos. Vamos a buscar en Google un centro deportivo cercano”. Desde luego, su integridad se preserva, pero también se fomenta su cursilería.

Aunque también hay reductos donde se mantienen las formas tradicionales de mandar. “Trágate tu vómito, que aún te queda una hora y media para terminar el entrenamiento”. La orden se la atribuyen a la ex seleccionadora nacional de natación sincronizada, pero no se sabe si realmente dijo semejante cosa, como tampoco se sabe qué hizo la nadadora; si la acató, si salió de la piscina para vomitar o si vomitó en el agua. De todas formas, sabiendo que gran parte de los ejercicios de la natación sincronizada son subacuáticos nunca viene mal llevar un poco de lastre en el organismo.

Tantos cambios en las formas de mandar y obedecer tienen que acabar provocando lógicamente confusión. Así que es normal que cuando una jueza determina que un alcalde quede en libertad con cargos, el regidor piense que la magistrada le ha impuesto la obligación de continuar en su puesto. Incluso exigirá a la dirección de su partido que dé más responsabilidades internas. “No es cosa mía, lo ha dicho la jueza bien claro. Libertad con cargos y yo solo tengo uno, soy alcalde. ¿No os habéis cansado de decir que hay que respetar las decisiones judiciales? Pues obrad en consecuencia y nombradme por lo menos secretario provincial”.

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