¿Qué fue del PSOE?

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Allá por los ochenta del siglo pasado Guerra sentenció que tras el paso del PSOE por el Gobierno a España no la iba a reconocer ni la madre que la parió. Mucho ha cambiado nuestro país no sé si tanto como apuntaba Guerra, lo que a la luz de los hechos sí se puede afirmar con rotundidad es que quien resulta irreconocible es el PSOE que dirige Sánchez. Hasta González ha dicho que no se ve representado por el partido del que fue líder durante veinte años y presidió el Gobierno de España durante otros catorce.

Sánchez ha convertido al partido más antiguo de España en una organización a su servicio. En teoría la estructura federal se mantiene pero no hay debates. Nada funciona ya de abajo a arriba. Desde que Sánchez se hizo con la secretaría general han ido perdiendo peso político las baronías. El partido ha dejado de ser correa de transmisión de las inquietudes de los ciudadanos para actuar como un máquina de poder al servicio de un único y superior objetivo: la salvaguarda de los intereses del secretario general.

Tampoco hay debate en el seno del Grupo Parlamentario convertido en una sombra de lo que fue en tiempos en los que los diputados además de voto tenían voz propia. Sánchez que fue defenestrado por un Comité Federal que recelaba de sus intenciones políticas porque barruntaban que podría pactar con los separatistas, tras superar aquella derrota, cuando se rehízo y recuperó la secretaría general se rodeó de políticos de segunda fila que poco o nada habían destacado hasta entonces en el partido y creó una suerte de guardia pretoriana presta a sofocar cualquier disidencia. De hecho Ferraz, la sede madrileña del partido, como símbolo de una organización con presencia en toda España ha ido desvaneciéndose. Sánchez ha creado en La Moncloa una superestructura al servicio de su gran objetivo: la permanencia en el poder. A cualquier precio. Si para conseguir el apoyo de ERC a los Presupuestos a través de la nueva ley de Educación hay que despojar al castellano (Art. 3 de la Constitución) de su condición de lengua vehicular en todo el territorio del Estado –lo que implica que desaparece como lengua cooficial en Cataluña– pues se hace. A sabiendas de que el PSOE callará. Algunos barones salvan la cara con divagaciones sobre el asunto, pero nadie reclama llevar el asunto a un Comité Federal capaz de pararle los pies a un Sánchez dispuesto a todo con tal de seguir en el poder. España ha cambiado mucho en los últimos años, pero sigue siendo España. Quien resulta irreconocible es el PSOE.

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