Raclette

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El Rosalía nos recibe con telón alzado. Al centro del escenario una mesa larga que aguarda a los comensales. Silencio. En un extremo un personaje lee un libro muy interesado. A los laterales y foro tarimas ocupadas por abigarrada gente. Pese a ello, contraste paradójico, el aforo del local únicamente tiene público testimonial. Dos representaciones brindadas por la compañía Ibuprofeno, “Raclette”, obra escrita y dirigida por Santiago Cortegoso, orlada con el Premio Álvaro Cunqueiro para textos teatrais 2014. El título corresponde al hecho de comer en comunidad los pastores suizos para olvidar el frío y soledad de sus montañas. Piedra ardiendo donde cocinan queso, carne y verduras. Acá, en el local de Riego de Agua, se escenifica una cena donde las interrelaciones de los comensales no son lo que aparentan, adquieren vida propia independiente y dan en temas que abordan la muerte, las relaciones de pareja, la maternidad, la envidia o el matonismo.
Al pronto descubrimos un par de trucos: al strip-tease de la esposa defraudada y la masturbación varonil a la productora cuyo proyecto los convoca. Confesamos que fuimos incapaces de conectar con el espectáculo, se nos perdían las palabras, saltábamos muy rápido de una escena a la siguiente... Buenos el espacio escénico, la iluminación, la imagen... pero falta explicar mejor las contradicciones de una sociedad enferma que fagocita a quienes la integran.
Hace años, sin tantas alharacas –década de l960– los hogares españoles orgunizaban “fondues –freir pan, queso y carne en aceite caliente– mientras los reunidos hablaban de todo lo divino y lo humano. Sigue, pues, cumpliéndose el no hay nada nuevo bajo el sol. El elenco lucha a brazo partido por salvar unos personajes con perfiles distorsionados. Señalemos beneplácito favorable a Toni Salgado, Deborah Vukusic, Iria Sobrado, Salvador del Río y Marián Bañobre.

Raclette