EURASIANISMO Y PANESLAVISMO

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Dicen que el ideólogo de Vladimir Putin es Alexander Dugin, aunque dicho extremo nunca ha podido ser confirmado. Pero veamos, ¿quién ese tal Dugin? Aparte de filósofo, se sabe que es historiador de religiones y analista geopolítico, pero sobre todo es el principal impulsor del movimiento neo-eurasianista; su obra, “La Cuarta Teoría Política”, es una propuesta que está dando mucho que hablar. Aunque, según el autor, todavía está en plena construcción.
En realidad, el eurasianismo es una idea de largo recorrido, pues se ha originado en los años veinte del pasado siglo. Nació entre los exiliados rusos después de la Revolución Bolchevique, su iniciador principal fue el príncipe Nicolaí Trubetskoi, catedrático de filología eslava en la Universidad de Viena; este aristócrata era un firme seguidor de las ideas paneslavistas de Nikolái Danilievski.
Unos opinan que es un movimiento antieuropeo y paneslavista en esencia; otros afirman que no, que más bien critica la cultura romano-germana y el euro-centrismo. En cualquier caso, sus seguidores, al menos los primeros, criticaban con dureza el colonialismo europeo. Otra cuestión, para los eurasianistas no existe una Rusia con identidad europea y asiática, sino un gran espacio geográfico y cultural bien definido llamado Eurasia.
Según ellos, es necesario reorganizar el comercio en toda el área euroasiática con el fin de proporcionar prosperidad y bienestar a los pueblos que habitan  en toda esa región.
Sin duda, para Alexander Dugin el centro del mundo es Eurasia. Piensa que quién la controle –como lo piensan algunos otros, entre ellos el ex secretario de estado Brzezinski– controlará el mundo.
Aunque Dugin tiene sus detractores como Dmitri Trenin, este último cree que el movimiento está condenado al fracaso opinando que Rusia no debe alejarse de Europa. Por otro lado, Dugin y sus acólitos son partidarios de un Estado fuerte, que funcione con eficacia y eficiencia, aunque dejando un gran espacio para la iniciativa privada.
El eurasianismo, independientemente del espacio sociocultural que plantea, es ecléctico en su propuesta, es decir, no descarta ninguna ideología, sino que se nutre un poco de todas ellas.
Dugin fundó el partido “Eurasia” en 2002, desde entonces intenta recabar apoyos para su causa entre los círculos militares rusos, la Iglesia Ortodoxa, los musulmanes, los budistas y los judíos. También es partidario de una alianza turco-eslava, lo cual le ha originado simpatías en Turquía, y de forjar fuertes alianzas en Oriente Medio.
No está demostrado que Putin sea un eurasianista, aunque  algunos de sus movimientos geopolíticos apuntan en esa dirección. Parece ser que la idea del Kremlin es crear un gran mercado en el espacio ex soviético –a través de la Unión Económica Euroasiática–, que además esté abierto a firmar tratados de libre comercio con otros países. Algunos de sus detractores afirman, sin embargo, que Moscú está tratando de reconstruir el otrora Imperio ruso.
En cualquier caso, la propuesta de la “Cuarta Teoría Política” no tiene una identidad política ni geopolítica concreta, sino que puede ser válida para cualquier país, puesto que bebe de diversas fuentes. Analiza los fracasos del capitalismo, del comunismo y del fascismo.
Deja atrás clichés ideológicos para convertirse en un proyecto político en formación, propugna no oponerse a ninguna idea o programa político por sistema, sino al estado de cosas objetivo, al tejido social apolítico de una sociedad fracturada.
En cuanto a Rusia afirma que para llenar el vacío necesita una idea política nueva.
Según Dugin, el neoliberalismo no es adecuado, mientras que el fascismo y el comunismo son totalmente inaceptables. Dice que si Rusia quiere “ser” implantará su teoría, de lo contrario sólo le quedaría el “no ser”, lo cual significaría salir de la historia para disolverse en un mundo que no sería gestionado por los rusos.
Las ideas de Dugin, que además se oponen a la globalización, serán temas de debate en los próximos años, sobre todo después del gran fracaso del neoliberalismo y de los partidos tradicionales.

 

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