Binomio tóxico

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Hay binomios benéficos como Adán y Eva, Daoíz y Velarde, o Ramón y Cajal. Otros, como González-Cebrián, no. Hoy hablaré de éste último. Dar una conferencia en una universidad exige llevar un programa atractivo, formativo, clásico e interesante, o novedoso. Nada que fueran a exponer estos individuos cumpliría condiciones. Todos sabemos de qué pie cojea este extraterrestre binomio: qué pensaron o piensan, hicieron o hacen, dijeron, o dicen ahora. Por tanto, su asalto conferencial a un centro del saber era innecesario, ridículo, inútil. Y tratar de pudrir la mente universitaria sin esperar resistencia, una soez conachada. Para eso González ya tiene a su amigo Cebrián, y Cebrián su diario el País, donde imprimir sus chocheces a dúo. Además, el País puede ofrecer un último servicio de higiene, no mental, tras urgente necesidad campera. Aunque hay que andarse con mucho ojo. 

Binomio tóxico