MAHAGONNY

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Humillados y ofendidos, como los de Dostoyevski; teniendo que contar –cuando se puede– los céntimos de euro para sobrevivir, mientras nuestros gobernantes, cristianos viejos de toda la vida, atravesando el ojo de la aguja de marear, comparecen ante sus gobernados discurseando de miles de millones, a mal recaudo en las arcas del Estado, no destinadas a paliar –no digo ya “solucionar”– las miserias que aquejan a la ciudadanía, sino tributo a la Banca Privada, el gran minotauro de nuestro laberinto.

Humillados y ofendidos, ante unas cifras astronómicas, sustraídas del dinero del Pueblo, procedentes de la corrupción en las alturas, en un país con casi 6 millones de parados, algunos de los cuales acuden a los cubos de basura en busca de sustento. Humillados y ofendidos, al escucharles referirse a la nadería que representan unos “pocos” ciudadanos que pudieran llegar a morir, tras la puesta del Sol, en esta “longa noite de merda”: no son rentables para sus cuentas los servicios nocturnos de urgencia. Humillados y ofendidos, cuando se indulta a los torturadores, a los “locos del volante” responsables de muerte; a los blanqueadores de negros capitales, algo que, a otros ciudadanos, por delitos menores, aun a riesgo de desbaratar su futuro, se les niega sistemáticamente.

Humillados y ofendidos, en una España donde la solidaridad con la población inmigrante puede perseguirse y reprimirse con penas de presidio. Que se lo pregunten si no a Laura Bugalho, “perseguida por buenas razones”, muchos años después de “La lista de Schindler”.

Humillados y ofendidos, cuando las autoridades nos reducen a estadística; cuando nos mienten, una vez tras otra; cuando intentan convencernos de que nos están desposeyendo de lo que nos pertenece por “nuestro propio bien”; cuando, en un año de “mandato” (el centro de decisión parece hallarse en otra parte), han dinamitado el estado de bienestar (el derecho constitucional a vivir con dignidad, trabajando esforzadamente para ello), referido a la Sanidad, la Educación, la Justicia…

Humillados, sí; pero no vencidos…

 

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