¿FIN DEL SUEÑO EUROPEO?

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“Prefiero votar al diablo antes que a cualquiera de los dos partidos que nos llevaron a la ruina”, decía un votante griego preguntado a pie de urna el día de las recientes elecciones en un arrebato de cólera e indignación, harto de tantos sacrificios sin esperanza.

Ese elector no debía ser un caso raro porque los griegos castigaron de forma implacable a la derecha de Nueva Democracia y al socialdemócrata Pasok, que defienden la política de austeridad impuesta por la troika –Unión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional– y decretaron el fin del bipartidismo que ostentaban estos dos partidos desde hace 38 años.

El sueño europeo fue bonito mientras duró, pero la miopía de los políticos y de los nacionalismos exacerbados que se resisten a ceder soberanía pueden precipitar su final

Las elecciones arrojaron el resultado de un Parlamento tan fragmentado que ninguno de los partidos fue capaz de formar gobierno, vuelven a estar convocados a las urnas para escoger entre lo malo y lo peor y los pronósticos anticipan el triunfo de fuerza políticas contrarias a los ajustes que exige la Unión Europa y previsiblemente Grecia no volverá a la ortodoxia comunitaria.

Por tanto, aumenta la incertidumbre y crece la posibilidad de que la descomposición política del país que fue cuna de la democracia provoque su salida del euro, una posibilidad de la que hablan sin rubor dirigentes del Fondo Monetario, del Banco Central Europeo y de la propia Comisión Europea.

¿Consecuencias? Anotaba un inter- nauta en su blog: “Mira si son exagerados los griegos, les echan del euro y nos organizan un dracma”. Si Grecia es abandonada a su suerte y se consuma su salida del euro no solo se organizará un drama, sino una catástrofe de imprevisibles consecuencias económicas para Europa –sin descartar el fin del euro–, sobre todo para algunos países, como el nuestro. España ya está notando los primeros efectos de la inestabilidad griega que, con los problemas del sistema financiero, tiene a la bolsa por los suelos y a la prima de riesgo por las nubes, en unos niveles tan altos que, según los expertos, poco tiempo puede aguantar la economía del país.

En fin, que hay que estar preparados para tiempos peores. El sueño europeo fue bonito mientras duró, pero la miopía de los dirigentes políticos y su falta de liderazgo para alcanzar una unión política y económica y los nacionalismos exacerbados, que se resisten a ceder soberanía a favor del conjunto, pueden precipitar su final. El final de la Unión Europea que Lula da Silva considera “patrimonio democrático de la humanidad”, y Moisés Naím califica como “el proyecto más imaginativo e innovador de la geopolítica mundial”.

¿FIN DEL SUEÑO EUROPEO?