La gran coalición

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La gran coalición entre los dos principales partidos suele ser presentada como el mejor remedio para asegurar la gobernabilidad de un país y hacer frente a las turbulencias económicas. Pero no faltan quienes señalan que viene a ser una especie de pan para hoy, y hambre para mañana. O algo así como así los corticoides en medicina: que pueden resultar útiles y prácticos a corto plazo para abordar una determinada dolencia, pero que tienen no pocos efectos secundarios. Efectos que en política se llamarían auge de los extremos.
Austria es un buen y reciente botón de muestra. En la primera ronda de las elecciones presidenciales de final de abril el electorado otorgó la victoria a la extrema derecha del FPÖ y a Los Verdes y asestó así un duro golpe a las dos principales fuerzas políticas (Partido Socialdemócrata y Partido Popular), que gobernaban juntas. Por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial la coalición de gobierno no decidirá la presidencia. Uno y otro han quedado fuera de la segunda vuelta, a celebrar dentro de un par de semanas. 
Sucede también que los clásicos grandes partidos cada vez son menos “grandes”. En Austria socialdemócratas y populares han gobernado en coalición durante 39 de los últimos 68 años. Pero en estas presidenciales sólo lograron reunir entre ambos un 22 por ciento de los votos. Y eso que se trata de un país con la menor tasa de paro de Europa y que pasa por ser uno de los que mejor ha sabido maniobrar en estos tiempos de crisis económica. 
En Alemania está ocurriendo más de lo mismo. Un reciente sondeo ha situado las expectativas electorales de la gran coalición gobernante de Angela Merkel (CDU) con los socialdemócratas del SPD en un más que apretado 50,5 por ciento, mientras mantienen su despegue los ultraconservadores de Alternativa para Alemania (AfD) y el partido de la poderosa canciller ha tenido que pasar por el trago de aceptar la condición de segundón ante Los verdes en las regionales de Baden-Würtemberg. 
Sucede, finalmente, que en países como los referidos las diferencias en política social y económica entre los dos grandes y clásicos partidos son cada vez más pequeñas. Unos y otros han virado de alguna manera al centro y el gran acuerdo es, por tanto, más fácil. 
Aquí, sin embargo, en esta España nuestra, ocurre al revés. Entre otras muchas consideraciones, las distancias de todo orden son viejas y permanecen vivas en la conciencia social, aventadas como lo han sido desde el zapaterismo para acá. Por eso no  pocos entienden que la gran coalición con el Partido Socialista que predica Rajoy viene a ser  una gran entelequia. Esto es: fantasía e irrealidad, tal como lo refiere el diccionario. 

La gran coalición