El gallego en Ferrol

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Es evidente que los datos relacionados con el uso cotidiano del idioma gallego no son en absoluto satisfactorios, sobre todo teniendo en cuenta los largos años en los que su aprendizaje lleva implantado en el sistema educativo de la comunidad. Las cifras revelan su escaso empleo cuando el idioma no solo es seña identitaria sino referencia histórica de toda comunidad, motivos sobrados para conservarlo, promoverlo y, lógicamente, emplearlo. Las críticas se centran en descalificar la política lingüística del actual Ejecutivo autonómico, pero más que razonable es pensar en la imposibilidad de achacar a una única administración tal estado. Pongamos el caso de Ferrol como ejemplo, en el que solo una de cada seis personas utiliza habitualmente el gallego como principal vía de expresión. Tan escueto porcentaje –menos del 15% de la población de las comarcas de Ferrol, Eume y Ortegal– está lógicamente influenciado por la realidad de la ciudad naval, que no solo aporta el mayor porcentaje de vecinos sino que tiene connotaciones tan propias como únicas en el conjunto de Galicia.
Quien pone en duda los datos lo hace con razón. Y es que el uso del gallego también está influenciado por el entorno familiar y social. Es pues este un imponderable a tener en cuenta, como también lo es el hecho de que esta ciudad se haya constituido como tal al abrigo de una inmigración que, si bien ya solo se puede calificar de histórica, no ha dejado de aportar al entorno sus pecualiaridades. Tampoco la tiene, sin embargo, del todo. Solo el hecho de que recordar la influencia de la Armada, la de los astilleros públicos, la presencia en otro tiempo de importantes contingentes de catalanes, dan fe de esta realidad. Ese crisol de oriundos de la Meseta, del Sur, y de múltiples comunidades siempre se ha expresado, o lo hacía hasta no hace mucho, en castellano. Escandalizarse no sirve pues de nada, como tampoco reducir a un fallo de la administración correspondiente tal realidad. De igual modo, la política que en ocasiones suele confundirse con la imposición, más por parte de quienes la secundan que de quienes la determinan, roza a veces la exclusión. Para garantizar tanto su superviviencia como el crecimiento de sus usuarios, tal vez solo sea cuestión de empezar por lo más práctico y esencial. “Si che falan en galego, Respetao e Responde tamén en galego. Sempre aprenderás algo”. Lo otro, lo de si te hablan en castellano haz otro tanto, es más aleatorio, sobre todo por lo poco o casi nada que se podría enterar, por ejemplo, un vecino de Valladolid.

El gallego en Ferrol