El corazón y la cartera

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Casi al tiempo que los ciento y pico ciudadanos que detentan el poder oscuro que mueve gobiernos, el Círculo de Economía de Cataluña reunido en Sitges, escuchó las propuestas de la izquierda española que se resumen en aprobar nuevos impuestos como el de transacciones financieras, otro a las grandes fortunas (los mil patrimonios más altos del país) y aumento del IRPF para quienes ganen más cien mil euros al año. 

Se trata, al conseguir una mayor recaudación, de fijar una renta de suficiencia de seiscientos euros y ampliar otros efectos del llamado Estado de Bienestar que se llevó la crisis a golpe de tijeretazos. Apuntó, también, la posibilidad de ir acercándose a una semana laboral de 34 horas. 

Coincidiendo con todo esto –y mientras se escucha el ruido que producen las negociaciones y pactos– Manuel Rivas dedica en El País Semanal un magnífico y esclarecedor artículo sobre “El patriotismo de los millonarios”, fabulando que en España un grupo de grandes millonarios españoles creasen una asociación bautizada como “Riqueza Responsable”, pidiéndole al Gobierno de Sánchez que acuerde una subida de impuestos y que se oponga a “cualquier legislación que exacerbe aún más la desigualdad”. Claro que es un sueño, una noticia inverosímil en España, un país de patriotas con mucho dinero… en Suiza u otros paraísos y una realidad en Estados Unidos donde si funciona con ese nombre que citaba en su artículo Manuel, y que contaba con cuatrocientos multimillonarios en sus filas. Estos grandes emprendedores y los altos ejecutivos que hacían posible “el milagro económico de EEUU advertía que la salud económica del país no pasaba por rebajar los impuestos a quienes tienen mucho dinero sino un incremento.  Ya hace años el señor Ford decía que sus empleados debían ganar lo suficiente para poder comprar los coches de su marca.

Esos millonarios de Riqueza Responsable (Responsible Wealth) ya reclamaron la supresión de los privilegios implantados por Bush a las grandes firmas petroleras, farmacéuticas y armamentística y sin duda, figuran entre los donantes a museos, investigadores, universidades u otras instituciones pero no usan la ingeniería financiera para pagar menos impuestos. Aquí, en España, no es tanto el tipo de tributación (menos que la media en Europa) como las deducciones, incentivos, exenciones y otros mecanismos de escaqueo, como señala Rivas en su artículo. Alegrémonos del patriotismo financiero de algunos de nuestros millonarios pero pidamos para todos, ellos y nosotros, un sistema fiscal más justo.

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