FRÍO

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Como todos los años, el invierno hace acto de presencia por estas fechas, y aunque este año las temperaturas empezaron altas para la época, nada hacía suponer que el Servizo Galego de Saúde no estuviera preparado para afrontar, otro año más, la gripe, una infección vírica que afecta a la mayoría de la población porque se contagia fácilmente e incluso llega a convertirse en pandemia en el mundo cada 20 o 30 años. Pues bien, por un lado, el virus que la produce tiende a cambiar continuamente, ya sea por mutaciones o por reordenación genética, y, por otro, el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades realizó una serie de advertencias, puesto que Galicia ya había rebasado el registro anticipando su pico más alto. Pero aun así,  ningún cargo al frente de la Sanidade hizo caso a los especialistas. Y si a todo ello le sumamos los recortes en la sanidad pública, tenemos un final con miles de personas hacinadas en camillas de los pasillos de urgencias de los centros hospitalarios de toda Galicia. Más allá de estos episodios concretos, los sistemas autonómicos, en este caso el gallego, demuestran estar muy ajustados en cuanto a recursos porque, volviendo a este caso, los primeros atisbos de la epidemia han provocado problemas de manera inmediata y, una vez más, en fechas próximas veremos al Ministerio de Sanidad reunido con las plataformas sindicales del sector para negociar y paliar la situación de colapso que viven las urgencias estos días.  Y, si todo esto es cíclico, ¿no deberían prepararse para que esto no aconteciese? Sería lo más normal cuando lo que importa son nuestras vidas; las vida de tantos gallegos y gallegas que vemos como merman nuestros derechos por los recortes de un Gobierno cuya conselleira minimiza el colapso hablando de “confort” y culpa a los enfermos y enfermas por acudir a urgencias en avalancha. Hay días que veo en las noticias a toda esta gente que nos gobierna y pienso si realmente somos conscientes del daño que están causando, porque por mucho que se empeñen en maquillar los datos, la realidad está en la calle, en el día a día. Como sucede con los enfermos de Hepatitis C, de los que tampoco me quiero olvidar. Eso sí, estos mismos gobernantes luego se declaran como los defensores a ultranza de la vida. Y yo les pregunto, ¿acaso los enfermos que mueren de gripe y Hepatitis C, no tienen derecho a la vida?

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