LOS LOGROS IRRENUNCIABLES

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La sanidad gallega afronta dos días de huelga general convocados por casi todos los sindicatos, tanto los de clase como los sectoriales. Tras la movilización de los profesionales están los recortes, contra los que se protesta y lo que definen como paso previo para la privatización y que no es otra cosa que la creación de unidades de gestión clínica.
Tras esta medida se esconde la agrupación de las áreas médicas en un único equipo que gestionará su propio presupuesto y que, a tenor de lo que denuncian los convocantes de la protesta, se trata de una privatización encubierta de estas unidades.
Lo curioso es que determinadas organizaciones, como la Plataforma SOS Sanidade Pública, no se oponen a esta última medida. Es más, consideran que la creación de esas unidades es en sí misma positiva.
El problema entonces radica en que no se fían de las intenciones últimas de la Xunta y eso a pesar de que, desde la Consellería, se ha asegurado por activa y por pasiva que nunca se dará el paso de privatizar estos nuevos entes.
La cuestión clave es, pues, el cambio de normativa que auspicia el Gobierno gallego y que, según unos, abre la puerta a que estas unidades funcionen como fundaciones, permitiendo la entrada en ellas de capital privado y, de paso, contratando a su personal con las condiciones que fija la empresa privada frente a las que rigen la relaciones laborales en la Administración.
Y, llegados a este punto, la pregunta es obvia. Si no se pretende utilizar la creación de las unidades como una entrada trasera a la privatización, ¿para qué se modifica la normativa?
No se trata tanto de dar el brazo a torcer frente a la presión de los sindicatos como de tranquilizar a una población que, desde hace ya algún tiempo, comienza a no creer nada de lo que sale de la boca de los políticos.
Sanidad y Educación son dos ramas que han sufrido con especial dureza la poda provocada por los ajustes y los recortes. Los ciudadanos han visto como los libros de texto dejaban de ser gratuitos, como sus hijos tenían menos profesores o había más alumnos por aula. También saben ya lo que es tener que pagar por medicinas que antes eran gratuitas y, desde enero, también tendrán que rascarse la cartera cada vez que reciban un tratamiento hospitalario.
Se asegura que las cantidades no son significativas y que se trata de unos pocos euros al mes. Tal vez, desde la perspectiva que ofrece cobrar un sueldo público, esa cantidad de dinero sea como una gota en medio del océano. Sin embargo, para muchos de los afectados, esa minúscula factura se convierte en un Everest al que se renuncia a subir para dedicar esas escasas monedas a cuestiones tan perentorias como comer.
Menos mal que Rajoy se anima a asegurar que el Estado de bienestar es un logro irrenunciable.

LOS LOGROS IRRENUNCIABLES