Cabezudos y cabecitas

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Creo que la mejor forma de acabar con la rabia no es poner un bozal al perro para que no muerda sino, simplemente, cargárselo. Muerto el perro se acabó la rabia, dice el refrán.
Aclaro a quien intente retorcer mis palabras (conozco bien cierto percal). Lo dicho no es más que un ejemplo sin ánimo peyorativo alguno ni extrapolable a nadie.  Aclarado, entro en materia:
No entiendo a esos socialistas que dicen que van a mejorar la sociedad desde la oposición. ¿No sería mejor y más fácil, pregunto, hacerlo gobernando, incluso con un Senado en contra? Dudo si quienes mantienen lo opuesto, tienen una  disposición cerebral “trihemisférica, o unihemisférica”; porque para una inteligencia bihemisférica corriente, la elección  no es dudosa. Y también creo que entre los diputados socialistas hay personas con, y sin vergüenza. Es muy fácil distinguirlos: Quienes tienen cabeza normal son unos. Los de cabeza grande, o pequeña, los otros.
 

Cabezudos y cabecitas