¿QUÉ PODEMOS HACER?

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Una vez más, y no será la última, el terrorismo yihadista nos ha dejado sin aliento. Quienes antes atentaron en París y ahora en Bruselas no son gentes atenazadas por el hambre o la miseria. Son, por el contrario, gentes con poco amor a la vida, a la ajena y a la propia y cuando alguien está dispuesto matar muriendo, la realidad que tanto dolor provoca se presenta aún más compleja. Los atentados de Bruselas nos colocan ante una realidad a la que hay que hacer frente y asumirla como cierta.
Cierto es que siempre ha existido violencia. Cierto es que el terrorismo nunca tiene justificación por mucho que se trate de contextualizar las acciones criminales y cierto es que el terrorismo yihadista poco o nada tiene ver con los terrorismos domésticos que hemos conocido en Europa. La realidad a la que tenemos que hace frente en estos momentos nos desborda a los ciudadanos, a los gobiernos, a los estados y a los servicios de inteligencian. Buena parte de los integrantes de este macabro ejército han nacido y crecido en Europa. Unos, en el régimen multicultural de Gran Bretaña, donde los colectivos mulsumanes tienen sus propios tribunales que aplican la sharia. Otros en el afán asimilacionista francés pretendiendo que todos se sientan hijos de la República y los menos en países como España o Suecia, donde se trata de mantener un cierto equilibrio. ¿Qué hacer ante este panorama? 
La experiencia nos demuestra que atentados como los vividos despiertan en los ciudadanos una ola de solidaridad. Se improvisan altares, las velas alumbran rincones de calles, las banderas se colocan a media asta y los llamamientos a la unidad se multiplican. ¿Y qué? Nada de esto conmueve a los bárbaros que desearían ver a las mujeres del mundo tan subyugadas como ellos tienen a las suyas, con nuestros derechos laminados como ellos laminan los derechos de quienes tienen bajo su yugo. Quieren para nosotros todo aquello que nosotros detestamos y, o nos ponemos a trabajar en la defensa de aquello en lo que creemos, o nuestra libertad con mayúsculas no estará a salvo.
Ignoro la receta adecuada, pero no deja de resultar llamativo que ante el calibre de la amenaza que tenemos encima, algunos se pongan estupendos y consideren una limitación de la libertad que se establezcan medidas de seguridad que provocan incomodidad, pero solo eso. Es llamativo que no se firme un documento conjunto porque utiliza un lenguaje de “derechas” y mucho más caer en el absurdo de creer que lo que está ocurriendo tiene su origen en la guerra de Irak. Antes de aquella guerra absurda ya existía el terrorismo yihadista, pero no nos golpeaba a nosotros. Los expertos en la materia lo han recordado en más de una ocasión pero nada más fácil que hacer reduccionismo ante un problema de semejante envergadura. Ni qué decir que nada se arregla lanzando bengalas contra la mezquita de la M-30. Los templosson recintos que merecen especial respeto. Frente a estos ataques debe existir tolerancia cero. ¿Qué podemos hacer? Quienes atentan con semejante crueldad no están solos. Tienen ejército, dinero, territorio, tecnología, publicaciones, armas y han llegado a la conclusión de que tienen su particular “misión” en la tierra. Han descubierto que pueden poner en jaque a cualquier Estado, a cualquier país, a cualquier sociedad y me temo que poco a poco están llegando a la conclusión de que esta Europa nuestra les teme. Si llegan a constatar de manera fehaciente que les tenemos miedo, nos ganaran. Eso seguro.  

¿QUÉ PODEMOS HACER?