Mcdonalización

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El sociólogo norteamericano, George Ritzer, escribió un libro titulado “La McDonalización de la Sociedad” (1993, en el cual analiza cómo esta técnica empresarial lo está cambiando todo. 
El autor nos habla de los cuatro principios básicos que rigen los restaurantes de comida rápida más famosos del mundo, los McDonald´s, que, según él, están siendo extrapolados a toda la sociedad. Como son la eficacia, que consiste en satisfacer de forma rápida el apetito de los clientes; el cálculo, que es ofrecer más comida por menos dinero, haciendo que el cliente relacione cantidad con calidad, es decir, “mucho” igual a “bueno”; la predicción, que reside en saber lo que ocurrirá en todo el proceso; y, finalmente, el control, que radica en ejercer el dominio sobre las personas del mundo mcdonalizado, del que forman parte empleados y clientes.

La idea básica es que el cliente permanezca dentro del restaurante el menor tiempo posible, además de brindarle el mismo producto con idéntico sabor en cualquier lugar del mundo donde haya un McDonald´s. Por lo tanto, los empleados son adoctrinados para que siempre hagan su rutina laboral de la misma manera. 

El libro de Ritzer no tiene desperdicio, puesto que ayuda a entender muchas de las cosas que están ocurriendo, sobre todo como la irracionalidad de la racionalización está siendo puesta a toda máquina. Fenómeno que está penetrando con mucha fuerza en nuestras sociedades consumistas.

El autor nos da a entender que para frenar este proceso sería conveniente presionar a las empresas con el objeto de que eliminen las irracionalidades del sistema, un modus operandi que no tiene en cuenta el factor humano. 

Aunque los cuatro principios mencionados fueron creados por la cadena McDonald´s, la realidad es que hoy son como una especie de vademécum en el mundo occidental. Puesto que la cultura mcdonalizante no solo está abarcando el área de la alimentación, sino del consumo en general, incluso ya está presente en el campo de la educación; seguramente los hermanos McDonald´s nunca pensaron que ellos iban a cambiar tanto nuestras vidas.

Todos sabemos que en estos tiempos la fórmula “mágica” de las empresas es reducir costes y maximizar ganancias, por lo tanto, al poner en práctica el modelo mcdonalizador, combinándolo con el uso de las nuevas tecnologías, les está ayudando a conseguir suculentos beneficios, además de la destrucción masiva de empleos.

Hay quienes creen que todavía es posible frenar este proceso, entre ellos el autor del libro. Aunque también hay quienes dudan de que eso pueda suceder, al menos a corto plazo. La locura consumista se ha convertido en parte de nuestra cultura, por lo tanto, hoy por hoy es casi una misión imposible desarraigarla de nuestra psique colectiva. ¿Quién la interrumpe?, ¿o quién detiene el proceso mcdonalizante? Mucho tendrían que cambiar las cosas, no ya para detener todo esto, sino para ralentizarlo. 

La realidad es que ambos procesos se convirtieron en fenómenos culturales. En el mundo actual se endiosa la eficacia, la competitividad, la rapidez y todo aquello que ahorre tiempo y produzca beneficios. La idea es ofrecer productos al menor precio y en el menor tiempo posible, sin plantearse nadie lo que puede haber detrás. 

Hoy casi todo está mcdonalizado, empresas, organismos oficiales, cadenas de televisión. Lo importante es ofrecer “novedades” todos los días, a todas horas, atiborrarnos de “ofertas”, aunque sean basura, que, por otro lado, le ayudan al poder a ejercer cierto control social.

Quizá los medios de comunicación sean una de las áreas más mcdonalizadas. Lo primordial para ellos es competir con el rival, tener más audiencia, más “enganchados”, más lectores, la calidad de los contenidos es lo de menos. El objetivo es construir relatos, ofrecer primicias, y si no las pueden extraer de una historia real, las crean, las inventan. Al fin y al cabo, una sociedad de consumidores mcdonalizados se olvidará al día siguiente.

Como todo está relacionado con el consumo y la velocidad, hay quien asegura que la filosofía de la cadena McDonald´s es una suerte de referente cultural de estos tiempos. Los hechos lo avalan. 

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