Feminismo visigodo

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En aquella España Visigoda tan olvidada por algunos, a la que San Isidoro de Sevilla calificaba de “honra y prez de todas las naciones”, como recordaba en mi artículo anterior, hubo algunas mujeres de armas tomar, que merece la pena recordar. Podemos empezar por Goswintha, desposada con el rey Atanagildo, primero, y con el rey Leovigildo, después. Aunque en este caso, a diferencia de la madre de Hamlet, Goswintha no tuvo que cargarse a uno para casarse con el otro, simplemente se quedó viuda de forma natural. De hecho, Atanagildo fue el primer rey visigodo que murió de esa forma, sin que lo asesinaran. Quizá por eso y por su carácter, Goswintha no fue una reina viuda desvalida, pues heredó la fidelidad de los guerreros godos que habían servido a su marido en vida. Con ellos y con sus encantos conquistó a Leovigildo, también viudo y candidato al trono.
Una vez en el poder, Leovigildo resultó ser un rey extraordinario que se propuso unificar toda la Península Ibérica, bajo la fe arriana y el gobierno de los reyes de Toledo; o sea el suyo. Goswintha era una arriana fervorosa;  es decir cristiana pero no católica como los hispano-romanos sometidos. Los godos y estos últimos todavía no se llevaban muy bien, no se juntaban mucho; además del problema étnico estaba el religioso. Pero esto a Goswintha le importaba un bledo, lo que quería es que todos obedecieran a ella y a su marido. Pero a Goswintha que tenía todas las de ganar, como mujer germana, independiente y arriana, lo suficientemente poderosa como para que nadie le tosiera, le salió la peor competidora: una nuera respondona, que además era su nieta. Se llamaba Ingunda y era hija de un rey franco católico, que vino a la Península para casarse con Hermenegildo, hijo de Leovigildo y su primera mujer; por tanto hijastro de Goswintha. La abuela-suegra y madrastra olió el peligro y se propuso que Ingunda no infectara a la corte con su catolicismo, así que intentó que volviera a bautizarse, esta vez como arriana. La nuera dijo que con un bautizo ya le valía y Goswintha montó en cólera. Según Gregorio de Tours, otro cronista de la época, esta vez galo-romano, Goswintha perdió entonces los papeles y cogiendo a Igunde por las trenzas la arrojó al suelo, dándole muchas patadas. De nada sirvió la violencia, Ingunda no solo perseveró en su fe, sino que convirtió a su marido, que acabó siendo mártir y santo. Pero lo que es más importante, el catolicismo de los galos, introducido por una mujer en la Hispania Goda a finales del siglo VI, acabó siendo la religión oficial y mayoritaria, a pesar de los esfuerzos de la poderosa Gonwintha para evitarlo. La Historia siempre ha tenido protagonistas.

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