FILOSOFÍA DE LA COMPARACIÓN

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Parece cundir, si no en toda, al menos entre una buena parte de la clase política de este país, el recurso a la comparación para justificar determinadas actuaciones. Ahí está, sin ir más lejos, la de la portavoz popular en Castilla-La Mancha, Carmen Riolobos, que entre los argumentos esgrimidos para quitar leña a las elevadas percepciones de su presidenta –por añadidura secretaria general del PP–, María Dolores de Cospedal, destaca el hecho de que cobra la mitad que el presidente de la Generalitat de Cataluña. Claro que esto de las comparativas juega también en contra, como lo demuestra que los 160.000 euros largos (netos) declarados por De Cospedal superen, por ejemplo, los que percibe el príncipe Felipe. La cuestión es justificar, en un sentido o en otro, una actuación que, en todo caso, contrasta con los actos y declaraciones de quien, como se recordará, ha impuesto en el Parlamento castellano la retirada de percepciones fijas a los diputados, que solo cobrarán por asistencias y comisiones. No sorprende tanto el volumen de lo percibido si se analizan los distintos conceptos, porque cobrar poco más de 36.000 euros por el cargo del presidente de su Comunidad no parece tanto. Tal vez por eso, su portavoz recurra a la comparativa con el homólogo catalán de De Cospedal. Lo que engorda las cuentas y que, como resulta evidente, no está reñido con la incompatibilidad, es el salario como secretaria general del PP, que supera los 88.000 euros y que, por lo que parece, no entra en los preceptos argumentados para con los parlamentarios. La estrategia, el nuevo diseño de la política de este país, no tan sutil a medida que avanza la legislatura, parece clara tomando como ejemplo lo ya mencionado. En un país en el que ya no extraña el mero concepto de la sucesión política dentro del mismo clan familiar –ahí está el clamoroso testimonio de Baltar, por citar solo un ejemplo próximo–, como si esto de la política tuviese patente genética, la pretensión no parece tan descabellada si lo que se busca es establecer nuevos estándares y perfiles que delimiten el acceso, sobre todo para formaciones de escasa capacidad económica, a los cargos representativos. Puestos a comparar, es evidente que no todos los secretarios generales pueden llegar a las percepciones de De Cospedal. Más difícil resultaría, aunque no imposible, que todos secundasen idéntico proceder. Claro que si lo que se opta es, en esto de las comparaciones, por evitarlas, lo que nos aguarda es el silencio, que ya se sabe que aquí y en todo el mundo es sinónimo de cesión, de otorgar razón a quien habla, la tenga o no, pero que habitualmente suele poseerla. Otra comparativa: lástima que no se regulen los ingresos políticos como sí se hizo con el techo de financiación de las administraciones públicas

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