PEATONALIZAR A MAGDALENA

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La pérdida continua de residentes y el cierre de comercios en el barrio de A Magdalena llevan a considerar con la mayor de las preocupaciones la iniciativa del gobierno municipal de proceder a la peatonalización de dos nuevas calles del casco histórico de la ciudad. Los antecedentes de este gobierno, proclive a la improvisación y a la imposición de medidas sin diálogo, sin consenso y sin alternativas, no ayudan, desde luego, a que el anuncio del gobierno local sea bien acogido por parte de los afectados. A los que, como este alcalde,  creen que peatonalizar es simplemente quitar el aparcamiento en superficie y cerrar las calles al tráfico rodado, hay que decirles que están muy equivocados. Y es que las alternativas de estacionamiento, y las soluciones para los residentes, son imprescindibles y deben llegar antes y no después de la peatonalización. Y lo cierto es que los ferrolanos que residen y trabajan en el centro aún están aguardando la puesta en marcha de medidas alternativas al cierre del estacionamiento provisional de la plaza del Carbón, y a la prohibición del estacionamiento en la calle Real en horario nocturno. Aunque Suárez no lo considere, peatonalizar es mucho más. Peatonalizar es establecer una red de aparcamientos perimetrales o disuasorios en el entorno más inmediato y mejorar el transporte público  Peatonalizar es aplicar un plan de movilidad, y establecer soluciones para los residentes, que deseen acceder con su vehículo a sus domicilios o a sus garajes, aunque para ello deban atravesar zonas peatonales. Peatonalizar es, también,  humanizar los espacios ganados para el peatón, de forma que el resultado final nos permita dignificar y poner en valor un casco histórico para el disfrute del residente, para la dinamización del centro como zona de ocio, comercial y de hostelería, y para convertir el centro de la ciudad en lugar de referencia.  De todo esto, al alcalde no se le ha oído ni palabra.  Por eso, muchos temen que con su habitual improvisación, el alcalde quiera darle la puntilla final a un casco histórico que agoniza, porque los requerimientos de habitabilidad que se exigen en el siglo XXI, poco o nada tienen que ver con los del siglo XVIII, cuando se diseñó y construyó el barrio de A Magdalena. Preocupa, pués, la actitud del gobierno local, empeñado en convertir el casco histórico en un museo inerte, un museo donde ya no viva nadie y donde el comercio se deteriore cada día un poco más.  Sin alternativas, sin consenso y sin diálogo, nada bueno se puede esperar del  gobierno de Jorge Suárez.

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