LA MADRE PATRIA

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Se está poniendo de moda eso de nacionalizar las emrpesas españolas. La encargada de abrir la veda fue la Cristina Fernández de Kirchner, quien en un alarde de patriotismo decidió quedarse con YPF, que, al fin y al cabo, acababa de descubrir uno de los mayores yacimientos de petróleo y gas del planeta en un remoto lugar llamado Vaca Muerta.

Ahora es otro de los bolivarianos destacados, Evo Morales, el que, alegando que los bienes naturales tienen nacionalidad, ha decidido mandar para casa a los responsables de la filial de Red Eléctrica Española en su país.

Lo que no expropian estos iluminados son la millonarias inversiones, ni los sobornos pagados, ni tan siquiera el aporte tecnológico a sus países. Ellos se quedan, por las buenas, con las compañías en el momento en el que éstas comienzan a ser rentables una vez superadas las fases de inversión pura.

Eso sí, todavía habrá quien, desde esa supuesta progresía mal entendida, jalee la actitud de estos mandatarios de chirigota por mucho que se estén saltando a la torera toda la legislación internacional.

Curiosamente, esa misma legislación a la que ellos recurren cuando les beneficia y de la que reniegan cuando les interesa. Al menos, estos movimientos de nuestros “hermanos” de América Latina han servido para darnos cuenta de que en esto del panorama internacional estamos más solos que la una. Ni Europa ni, por supuesto, Estados Unidos moverán un dedo por revertir una situación de la que ya hay decenas de empresas intentando sacar tajada.

Ojalá fuéramos como los ingleses, capaces de llevarse todo de un país y conseguir que los indígenas de turno sigan colocando el perfil de la reina en sus sellos y la “Union Jack” en una esquinita de sus banderas.

Hace tiempo que el sentimentalismo dejó de formar parte de las relaciones internacionales, por mucho que todavía haya quien invoque a la madre patria para regir relaciones entre estados.

 

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