Déficit sin control

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Un año electoral como el que acabamos de concluir no es el más propicio para una equilibrada  administración de los dineros públicos. Son tiempos en que por  razones de captación del  voto el gasto se dispara y los mecanismos de control del déficit no funcionan con la presión que debieran.
Y es  lo que va a suceder cuando el Ministerio de Hacienda cierre las cuentas de 2015: que nuestro país muy probablemente no cumplirá el objetivo de déficit público del 4,2 por ciento del PIB comprometido con Bruselas. Según datos oficiales, ya a finales de noviembre Administración central, comunidades autónomas y Seguridad Social  acumulaban un déficit equivalente al 3,87del Producto Interior Bruto, lo que significa que en los primeros once meses del año se habían gastado 42.037 millones de euros por encima de los ingresos.  
El desfase parece asegurado, aunque la magnitud del desajuste dependerá de las cifras que presenten los Ayuntamientos y que podrían compensar en parte los desequilibrios de otras Administraciones. Así las cosas, si la prima de riesgo no se ha disparado, es debido a la decisión del Banco Central Europeo de salir en auxilio de los gobiernos en números rojos.
A la espera, pues, de los datos de diciembre, el margen para cumplir objetivos  es más que estrecho. Y los grandes incumplidores van a ser una vez más las comunidades autónomas, que registran un déficit de 14.204 millones (1,31 por ciento del PIB), superando así en seis décimas lo previsto para todo el año.
En realidad sólo cinco de las diecisiete comunidades estaban en noviembre por debajo del límite exigido por el plan de estabilidad: 0,7 por ciento del PIB. Galicia, entre ellas, con un 0,50 por ciento.  El mayor desfase lo presentan Cataluña y Murcia, seguidas de Valencia, donde el desastre no es sólo de orden político. 
La ejecución presupuestaria muestra también que los Ejecutivos regionales han subido todos los capítulos de gasto, menos uno: el de los intereses de la deuda. Y ello,  debido a la condonación por parte del  Ministerio de Hacienda.
Lo malo es que la composición de los nuevos gobiernos  regionales  no va a facilitar las cosas. De entrada, hay cuatro  que no han presentado presupuestos. Algún otro los ha retirado en espera del visto bueno de los socios de turno. Y varios más andan viendo cómo encajar las exigencias de la izquierda radical (Podemos o la CUP), que requieren planes de “emergencia social” con importantes incrementos del gasto.
Así pues,  2016 estará marcado por la formación de un nuevo Gobierno. Pero no sólo. Porque tendrá que seguir mirando a Bruselas y practicando los ajustes extra que ya se exigen. Papeleta no pequeña le espera.

Déficit sin control