El reformateo del Cáucaso

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Se dice que el que te vende las armas también te vende el enemigo. Y algo en ello hay de verdad. Lo que sí es cierto es que la mayoría de los conflictos esconden casi siempre  intereses de terceros y la región del Cáucaso no es la excepción.

Pero situémonos. Nada más desintegrarse la Unión Soviética Margaret Thatcher visitó Bakú, fue un viaje relámpago y sin mucha prensa. La razón era económica aunque también geopolítica. Lo más importante para ella eran el gas y el petróleo azerí, y de paso intentar bloquear la influencia rusa en la región. En lo primero tuvo cierto éxito, pues al poco tiempo apareció por allí la British Petroleum. Pero no así en lo segundo.

La realidad es que en aquella época le aparecieron a los políticos azeríes un gran número de pretendientes ¡ay el dinero!, porque incluso Bruselas les “tiró los tejos” consiguiendo años más tarde que el gas del Caspio fluyera hacia Europa.

En lo político es otra historia. Su actual presidente, Ilham Alíev, mantiene con los europeos una relación puramente comercial al mismo tiempo que sostiene con los rusos una algo más cercana. Pero no demasiado. Quizá por ello dicen de él que es un gobernante con gran sentido de la oportunidad  y los equilibrios geopolíticos.

Pero centrémonos en el acuerdo de paz de Karabaj firmado por Bakú y Ereván. Se dice que como mediador Putin cedió en favor de Azerbaiyán para contentar a Erdogan y que, por lo tanto, el otomano es el gran ganador. Pero hay serias dudas. Sobre todo cuando existe una diferencia tan abismal en poder militar. Lo que nos obliga a recordar aquí un episodio en los tiempos de la Guerra Fría cuando el gobierno turco amenazó con cerrar el Bósforo a la flota soviética del Mar Negro. Moscú respondió diciendo que su flota no necesitaba ese estrecho, que si los turcos lo cerraban ellos abrirían otro mediante una lluvia de misiles no pudiendo garantizar que Estambul permaneciera en su sitio. Es verdad que después se rumoreó que era una broma de la diplomacia rusa. El caso es que Ankara no habló más de cerrarlo.

Aquello nos ayuda a entender ciertas cosas. Una de ellas es que el presidente turco debió hacer concesiones que desconocemos para que el inquilino del Kremlin le permita ciertas “licencias” en el Cáucaso. Hay politólogos que aseguran que Putin quiere que Turquía se una a una hipotética y futura alianza militar con Rusia. Otros, sin embargo, dicen que la jugada putinista es arriesgada porque el otomano no es de fiar.

En todo caso, después del acuerdo de paz tanto Armenia como Azerbaiyán dependen más de Moscú. Se dice que Putin, aprovechando el derribo accidental por parte del ejército azerí de un helicóptero militar ruso, le dio un ultimátum a Alíev para que éste parase inmediatamente la guerra. Casualidad o no a las pocas horas del derribo empezaron las negociaciones.  

Se dice que la idea de Putin es convertir el Cáucaso en una zona estable y bajo control ruso en el cual Moscú haría de árbitro y protector de las partes. Dicen que lo de Karabaj fue el punto de inflexión para que los militares eslavos se queden allí; hay incluso un runrún de que los armenios del enclave van a recibir la ciudadanía rusa.

Hay opiniones de todo tipo. Los hay que aseguran que el despliegue de los militares en la región fue para garantizar la finalización del proyecto “Sur-Norte”, consistente en un corredor marítimo-terrestre que conectará la India con Rusia y Europa a través de Irán y los países del Cáucaso. 

Sean cuales fueran las razones, el acuerdo obliga a Ereván a permitir un corredor entre Azerbaiyán y su aislado enclave de Najichevan, cruzando Armenia por el sur. Una vía que posibilitará la comunicación directa entre turcos y azeríes. La cual estimulará las economías del área y el acercamiento de Azerbaiyán y Turquía con Armenia. No es casualidad que en estos días el líder turco le haya ofrecido a Ereván sumarse a la plataforma de 6 países (Turquía, Azerbaiyán, Rusia, Georgia, Irán y Armenia) que está ideando para la región.

Es cierto, ya para terminar, que hay dudas de quién fue el ganador. Los más osados dicen que fueron los países de la región, incluida Armenia por inverosímil que parezca.

El reformateo del Cáucaso