Rajoy, Fernández y los silencios compartidos

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Mariano Rajoy y Javier Fernández han logrado establecer una relación correcta. Son formatos parecidos. Discretos, prudentes con un compartida austeridad en los gestos. Las discrepancias no hace falta señalarlas, pero si algo les une es que en estos momentos ambos callan más que hablan. Rajoy, con acierto, ha dicho que lo que le toca es callarse y Fernández, ahí está, midiendo sus palabras que trata de utilizar con la mayor precisión. Rajoy calla porque lo que toca es esperar. De la decisión socialista depende su futuro político inmediato. O es presidente de Gobierno o candidato en unas nuevas elecciones. Quiere espantar como sea una nueva cita con las urnas y ahí está, dispuesto a asumir una eventual legislatura que le puede resultar lo más parecido a un paseo por el Gólgota.
Nada debe decir Rajoy. Sabe que una sola frase y más si va cargada de ironía puede actuar como una bomba en las convulsas filas socialistas. Las órdenes a Génova han sido tajantes. Aquí todo el mundo callado y menos pasillo hablando de elecciones. Tanto pasillo hubo que el propio Fernández, desconcertado, le llamo para preguntarle de qué iba el PP. Unas pocas frases de Rajoy asegurando que no iba a poner condiciones y que las elecciones serían una barbaridad, han acallado a su partido y han dado a Fernández cierta tranquilidad para su particular batalla dentro del PSOE.
Rajoy calla porque, además, no sabe cómo va a acabar la trifulca socialista. Fernández, tampoco. En la frente lleva escrito que su opción es la abstención, pero se ha encontrado con un partido que no esperaba, de ahí que su primer objetivo sea restablecer la democracia representativa, la que ha presidido siempre el PSOE. Siempre hasta hace un par de años en los que, según el presidente de la gestora, el PSOE se ha “podemizado” por esa constante alusión a la militancia. Pero esa militancia existe y está revuelta. Una parte significativa de la misma se mantiene en el no rotundo a Rajoy y más de uno del comité federal se le abren las carnes por solo pensar cómo explicar a sus federaciones cómo en dos semanas se ha decidido lo contrario de lo que se mantuvo durante nueve meses. “¿Cómo lo vamos a explicar? No queremos elecciones, pero nos tendrán que explicar cómo vamos a cargar con la mochila de permitir que gobierne el PP?”. Patxi López ya ha apostado por elecciones antes que apoyar a Rajoy. No son pocos los socialistas que consideran que de perdidos, al río. Mejor elecciones con mal resultado, “pero libres de cargas”. 
En Génova tienen la certeza que no tienen en Ferraz. Los populares dan por hecha la abstención, pero Fernández aún se la tiene que ganar y no lo tiene fácil. Tan poco fácil que se especula con la posibilidad de los apoyos justos. Si esto llegara a ocurrir sería patético. O todos o ninguno, salvo que quieran empeorar las cosas que tal y como están no es empeño difícil. Las declaraciones de Susana Díaz asegurando que la “serenidad” se había instalado en el PSOE no dejan de ser llamativas. Los ánimos están más sosegados, pero si algo no existe es serenidad. ¿Cómo va a haber serenidad si el PSOE bordea el abismo?
Nos esperan días intensos. Dicen que habrá abstención y será Antonio Hernando el encargado de poner el cascabel al gato en el Congreso. Si esto llega a ocurrir, la intensidad de las próximas jornadas dará paso a la convulsión. A Rajoy, si es investido presidente le espera una legislatura breve, pero de las que se recuerde y a Fernández todo un trabajo de restauración del PSOE.Mariano Rajoy y Javier Fernández han logrado establecer una relación correcta. Son formatos parecidos. Discretos, prudentes con un compartida austeridad en los gestos. Las discrepancias no hace falta señalarlas, pero si algo les une es que en estos momentos ambos callan más que hablan. Rajoy, con acierto, ha dicho que lo que le toca es callarse y Fernández, ahí está, midiendo sus palabras que trata de utilizar con la mayor precisión. Rajoy calla porque lo que toca es esperar. De la decisión socialista depende su futuro político inmediato. O es presidente de Gobierno o candidato en unas nuevas elecciones. Quiere espantar como sea una nueva cita con las urnas y ahí está, dispuesto a asumir una eventual legislatura que le puede resultar lo más parecido a un paseo por el Gólgota.
Nada debe decir Rajoy. Sabe que una sola frase y más si va cargada de ironía puede actuar como una bomba en las convulsas filas socialistas. Las órdenes a Génova han sido tajantes. Aquí todo el mundo callado y menos pasillo hablando de elecciones. Tanto pasillo hubo que el propio Fernández, desconcertado, le llamo para preguntarle de qué iba el PP. Unas pocas frases de Rajoy asegurando que no iba a poner condiciones y que las elecciones serían una barbaridad, han acallado a su partido y han dado a Fernández cierta tranquilidad para su particular batalla dentro del PSOE.
Rajoy calla porque, además, no sabe cómo va a acabar la trifulca socialista. Fernández, tampoco. En la frente lleva escrito que su opción es la abstención, pero se ha encontrado con un partido que no esperaba, de ahí que su primer objetivo sea restablecer la democracia representativa, la que ha presidido siempre el PSOE. Siempre hasta hace un par de años en los que, según el presidente de la gestora, el PSOE se ha “podemizado” por esa constante alusión a la militancia. Pero esa militancia existe y está revuelta. Una parte significativa de la misma se mantiene en el no rotundo a Rajoy y más de uno del comité federal se le abren las carnes por solo pensar cómo explicar a sus federaciones cómo en dos semanas se ha decidido lo contrario de lo que se mantuvo durante nueve meses. “¿Cómo lo vamos a explicar? No queremos elecciones, pero nos tendrán que explicar cómo vamos a cargar con la mochila de permitir que gobierne el PP?”. Patxi López ya ha apostado por elecciones antes que apoyar a Rajoy. No son pocos los socialistas que consideran que de perdidos, al río. Mejor elecciones con mal resultado, “pero libres de cargas”. 
En Génova tienen la certeza que no tienen en Ferraz. Los populares dan por hecha la abstención, pero Fernández aún se la tiene que ganar y no lo tiene fácil. Tan poco fácil que se especula con la posibilidad de los apoyos justos. Si esto llegara a ocurrir sería patético. O todos o ninguno, salvo que quieran empeorar las cosas que tal y como están no es empeño difícil. Las declaraciones de Susana Díaz asegurando que la “serenidad” se había instalado en el PSOE no dejan de ser llamativas. Los ánimos están más sosegados, pero si algo no existe es serenidad. ¿Cómo va a haber serenidad si el PSOE bordea el abismo?
Nos esperan días intensos. Dicen que habrá abstención y será Antonio Hernando el encargado de poner el cascabel al gato en el Congreso. Si esto llega a ocurrir, la intensidad de las próximas jornadas dará paso a la convulsión. A Rajoy, si es investido presidente le espera una legislatura breve, pero de las que se recuerde y a Fernández todo un trabajo de restauración del PSOE.

Rajoy, Fernández y los silencios compartidos