AZÚCAR AMARGO

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En una revista de esas que regalan o cobran, nunca se sabe, con los periódicos se descubren artículos que parecen hechos en serie porque están en medio de la moda, de los paparazzi, de la publicidad, “Bienvenidos a su nueva vida”. El caso es que uno descubre “El azúcar más amargo, las plantaciones de caña en Camboya”; el relato es de Matteo Fagotto y Matilde Gattoni y no hablan de otra cosa que de la esclavitud, de la nueva esclavitud en nuestro frívolo mundo. “Louv Veoun, de 39 años, está cocinando el único alimento que hoy ha podido encontrar, un trozo de jalea real que ha cogido de una colmena”.
Es madre de ocho hijos y se ha convertido en jornalera sin quererlo; hasta hace poco era campesina en los campos de sus antepasados. La plantación era suficiente para alimentar a sus hijos y llevarlos a la escuela.
Un día de 2010 una empresa azucarera camboyana se apoderó de todo y las excavadoras desbrozaron todos los campos de arroz a pesar de las protestas para convertirlos en plantaciones de caña de azúcar. La indemnizaron con 20 euros; se quedó sin casa y sin tierras. Ahora trabaja durante 10 horas al día para ganar 2,5 dólares (unos dos euros).
“El 97% de la producción de azúcar de Camboya se exporta a la Unión Europea gracias al acuerdo comercial preferencial denominado Everything But Arms (todo menos armas)”.
Bueno, para qué seguir. Revuelvo con menos ganas el café, con una mezcla de agradecimiento y de rencor a la revista frívola, pero que de alguna manera nos ha dado a conocer con este magnífico relato que la Unión Europea es dueña o tiene acuerdos con una plantación de esclavos, eso sí, lejos de los focos de la televisión y matando de tristeza a miles de camboyanas.
Siempre nos quedará aquello de “eso no puede ser verdad”. Bueno, pues para cerrar otra de terror en palabras de los mensajeros:
“Vestidas con harapos y con guantes desgastados, achicharradas por el implacable sol tropical, en un día muy bueno las campesinas llegan a ganar cuatro euros”.  
Alcance una piel perfecta, en tiempo real simplemente espléndida. Frase publicitaria de Lancôme en la misma revista. No, amén.

 

AZÚCAR AMARGO