AULAS VACÍAS

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Los profesores y alumnos seguramente tienen mucha razón al protestar contra los recortes que el Gobierno está aplicando en la enseñanza, que van a mermar su calidad. Pero a mi me parece que la huelga del martes pasado también estuvo muy impregnada de tintes políticos, de mucha demagogia y de verdades a medias.

Es cierto que el Gobierno “recorta” en la educación, como aplica las tijeras en muchos otros servicios. Pero de momento la educación sigue siendo pública universal y gratuita sin que se haya producido desmantelamiento alguno del sistema educativo. Por eso, aunque no sea políticamente correcto decirlo, este fue el paro de un sector que rechaza su parte alícuota de sacrificios, necesarios para hacer frente a la crisis, y pretende quedar al margen de unos recortes que afectan a toda la sociedad y sufren los ciudadanos de todos los sectores de actividad, incluido el colectivo de jubilados.

Los problemas de la enseñanza, que son muchos, no provienen de los recortes que está aplicando el Gobierno ahora. Vienen de muchos años atrás y tampoco se solucionan con inyectar al sistema educativo más recursos, que no se regatearon en tiempos de bonanza económica, y los resultados -Informes Pisa, índices de fracaso escolar- son aterradores. En el sistema educativo hay que hablar tanto o más de eficiencia que de dinero.

La solución a gran parte de los problemas de la enseñanza llegará cuando se produzca la conjunción de estos cuatro elementos: la profesionalidad y el rigor de los docentes que han de estar apoyados en las aulas y atendidos para la actualización permanente de sus conocimientos y técnicas pedagógicas; la aplicación de los alumnos a los que habrá que volver a inculcar la cultura del esfuerzo y tratar de recuperar la disciplina en las aulas; la colaboración imprescindible de las familias que han hecho dejación de funciones y responsabilidades; y el sosiego de los políticos que deberían lograr un gran pacto por la educación para acabar con esa dinámica perversa de que cada gobierno que sube al poder inventa una nueva ley de educación a su antojo.

Nadie duda que la educación es la mejor inversión de futuro y lo ideal sería poder seguir invirtiendo muchos más recursos en ella para salir reforzados de la crisis. Pero los recursos económicos del Estado, es decir, los dineros de nuestros impuestos, son los que son y ahora toca apretarse el cinturón. También para eso se necesita la colaboración y responsabilidad de toda la comunidad educativa y no es el mejor ejemplo vaciar las aulas para incendiar las calles.

 

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