NOTTING HILL

|

En Notting Hill vi la cara labrada de Samuel Becket en toda una pared de aquel mercadillo, Portobello. Siempre me sorprendió su cara felina, dura y sus ojos como amarillos que miran desde la oscuridad para decirnos yo ya sé lo que tu vas a saber. Más tarde en los “Encuentros con Samuel Becket” de Charles Juliet en 1968, 1973, 1975 y 1977 se me reveló el personaje en toda su sabiduría: “El silencio se ha apoderado de nosotros y sé que no va a ser fácil romperlo. Curiosa idea, pensé, interrogar a alguien que no es sino pregunta”.

Así me imaginaba yo a Becket, un silencio que mira, incómodo. Una estatua con ojos penetrantes. Los duros ojos de la ternura. “Su mirada es de una intensidad difícil de sostener”. Tres son los momentos que sobresalen en este pequeño libro, tres momentos que rompen el silencio”: “Sin embargo tengo que continuar… Estoy frente a un acantilado y tengo que seguir adelante. Es imposible, verdad. Sin embargo se puede avanzar. Ganar unos cuantos miserables milímetros…”. Un segundo estallido de silencio: “No tiene ninguna importancia no publicar. Hacemos eso para respirar” y en la conversación de noviembre de 1975: “Posiblemente no haya si no caminos equivocados. Sin embargo hay que encontrar el camino equivocado que te conviene”.

Caminar, respirar y equivocarse para al final ser lo más parecido a tu retrato. Bellas lecciones para cuando el poder tiene tanto peso como ahora. “Pero cuando no ocurre nada, ¿qué hace usted? Siempre hay algo que escuchar”.

NOTTING HILL