Investidura en diferido

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Nuestra Constitución ha demostrado que en ella cabe casi todo y es por ello que más de cuarenta años después nadie ha conseguido mejorarla y sigue siendo nuestro código de circulación para vivir en democracia. Caben incluso aquellos que quieren destruirla, con la lógica limitación de cumplir los artículos y la filosofía que emanan del propio texto constitucional. No caben aquellos que pretendan acabar con nuestra democracia por la fuerza, sea de la índole que sea, o la incumplan a su antojo para obtener objetivos políticos. 

Lo cierto es que nuestro generoso texto, a veces en exceso, fija una serie de hitos que se han de cumplimentar para obrar con el respaldo de la carta magna y bajo su protección, que no es poca cosa. Por ejemplo, Sanchez se autoproclamó candidato a la presidencia del gobierno cuando el Rey todavía no había realizado la ronda de consultas con las fuerzas políticas para proponer un candidato a la investidura. No fue muy respetuoso el presidente en funciones ni con la Constitución ni con el jefe del Estado al hacer pública su autoproclamación, pero hay que entenderlo, tiene el récord de investiduras fallidas desde la vuelta de la democracia a España y le pudieron las prisas. 

Una vez restablecido el orden, el Rey llevó a cabo su ronda de consultas a la que asistieron la inmensa mayoría de formaciones políticas salvo las asilvestradas, como Bildu, ERC y algún otro despistado como el Bng que hace seguimiento de los golpistas catalanes. La situación se volvió esperpéntica porque la investidura de Sanchez está en manos de los separatistas catalanes que rehusaron a su cita con el monarca y, por lo tanto, toda vez que estos mantienen su apoyo en el aire, nadie pudo exhibir en Zarzuela los apoyos suficientes que garantizaran una mayoría necesaria para investir a ningún candidato. 

Aún así, por alguna razón, el Rey encargó a Sanchez la investidura, en este caso, en diferido porque ni Sanchez puede confirmar la posición de Esquerra ni Esquerra tiene a fecha de hoy posición fijada. Lo normal, a mi humilde juicio, hubiera sido no encargar a nadie la responsabilidad de someterse a la investidura hasta que no se pudiera confirmar una mayoría parlamentaria que diera respaldo al candidato para avalar una investidura exitosa. Así las cosas, estamos sin fecha para la sesión plenaria el parlamento que pueda elegir un presidente en toda regla, ni en funciones ni con “tutelas ni tu tía” que diría Fraga Iribarne. 

Y no hay fecha porque no hay mayorías garantizadas y, por lo tanto, el Rey ha encargo esta alta responsabilidad en diferido, a la espera de que el candidato propuesto pueda obtener apoyos en las próximas semanas y entonces poner fechas. España está en manos de ERC que como todos sabemos no es un partido que se signifique por su amor a España si no todo lo contrario. Para que esto ocurra y Esquerra ponga luz verde a Sanchez, se han de dar algunas circunstancias de esas que no caben en nuestra Constitución, una amnistía de presos encarcelados, la autodeterminación o ese referéndum que pretende hurtar la soberanía de todos los españoles para dársela a los independentistas catalanes. Esperemos que las prisas del maquinista no hagan descarrilar al tren, tenemos muy malas experiencias.

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