El aborto se consolida

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Los datos oficiales del Ministerio de Sanidad sobre el número de abortos voluntarios practicados en nuestro país no se distinguen precisamente por su puntualidad. Suelen llegar con once/doce meses de retraso. La novedad al respecto es que desde que gobierna el Partido Popular todavía lo hacen un poco más tarde. Casi con las uvas de fin de año.
Tal vez este camuflaje en plenas fiestas navideñas se deba a eventuales efectos perversos en un muy concreto electorado. O a un cierto estado de mala conciencia, habida cuenta de que la reforma de la ley correspondiente ha venido a ser una clamorosa promesa electoral incumplida y ha significado una ruptura con la línea tradicional del partido.
Cierto es también que el balance correspondiente a 2013 ha pasado un tanto desapercibido en los medios, lo que ha de interpretarse como signo de la insensibilidad social ante un drama humano y económico de primer orden, amén de un atentado al primero de los derechos cual es el derecho a la vida.
Y es que superar los cien mil abortos voluntarios al año es, más allá de pequeñas fluctuaciones periódicas, un problema gravísimo ante el que Gobierno –éste también– mira para otro lado. Algo, por lo demás, a lo que la sociedad de nuestros días se va mayoritaria y desgraciadamente acostumbrando.
En realidad, sigue creciendo la proporción de embarazos que terminan en aborto: un 20,3 por ciento hace un par de años. Esto es, uno de cada cinco. Todo un récord. Y medran también de forma significativa las tasas de interrupciones de embarazo a partir de los 30 años, lo que  habla de una consolidación del fenómeno.
Al tiempo, casi un 25 por ciento de las mujeres que abortaron ya lo había hecho antes otra vez y un 12,3 por ciento, en dos o más ocasiones. Y lo que no deja de ser curioso y significativo: los años en que ha bajado la tasa de abortos han sido años de controversia pública. Lo cual supone una llamada de atención para que el tema no desaparezca del debate social.
Enfilando como estamos el término de la legislatura poco o nada se sabe de esa reconsideración del apoyo a la maternidad que el presidente Rajoy ofreció hace algo más de tres meses como compensación por la no retirada de la ley Aído vigente. Tal vez cuando llegue y pueda aprobarse por el Parlamento no dé tiempo para casi nada, salvo para cubrir el expediente.
Parece, sin embargo, un replanteamiento necesario. Porque las ayudas a la mujer embarazada que en principio se plantea abortar se revelan como harto eficaces. De hecho, según estimaciones de Red-Madre el 89 por ciento de las allí atendidas continuaron con la gestación.

El aborto se consolida