Nerviosismo alemán

|

Parecer ser que en Berlín andan un poco nerviosos. El ministro de asuntos exteriores alemán Frank-Walter Steinmeier, dijo, en una visita que hizo recientemente a Atenas, que los euroescépticos no tienen cerebro. Añadiendo que no deben perder el tiempo criticando a la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional). Para este señor la troika es intocable e incuestionable; es como si hablara el mismísimo Dios. Pero este dios es terrenal y tiene nombre y apellidos.
Según las encuestas, la alianza de partidos anti-europeos, encabezados por el FN francés que lidera la señora Marine Le Pen, tiene todas las papeletas para convertirse en una importante fuerza política en el próximo Parlamento Europeo. Todo dependerá del grado de frustración –¡y sabemos que ya existe mucho!– que hayan inoculado en ese momento los ciudadanos. Desde luego, lo ocurrido en las municipales francesas es un aviso a navegantes.
Según algunos expertos, la economía alemana empezará a enfrentar serios problemas este año. Con la bajada del precio de la energía en Estados Unidos –debido al combustible de esquisto–, algunas empresas germanas ya están pensando en trasladar sus centros de producción a USA. Por tanto, los pronósticos para la primera economía de Europa no son demasiado optimistas. 
A todo ello hay que añadir, que China está dando prioridad al consumo interno. Lo cual significa que habrá menos inversiones en Europa. Quizá por eso la señora Merkel decidió recibir a Xi Jinping, la semana pasada, con una pomposa guardia de honor. Por otro lado, no hay que olvidar que Alemania tiene más de siete millones de trabajadores que están viviendo literalmente en la pobreza. Que son todos aquellos que han sido contratadas bajo el grotesco eufemismo merkeliano de los “mini-jobs”. 
Por consiguiente, la crisis en la zona euro, lejos de haber dado señales de clara mejoría –independientemente de lo que pronostiquen los eurócratas–, está trasladando a la sociedad un mensaje engañoso y confuso. La realidad es que la incertidumbre continúa en toda la Unión, sobre todo en los países pertenecientes a la eurozona. 
Todavía las clases medias alemanas no están siendo directamente afectadas por esta crisis; sin embargo, cuando éstas empiecen a sufrir sus embates, seguramente la percepción que ahora tienen sobre la señora Merkel empiece a cambiar.  
Sin duda, la industria germana es la más potente y prestigiosa de toda la UE. Por tanto, una caída en sus exportaciones tendría consecuencias serias en la economía teutona. 
Pero, además, esos daños se trasladarían de inmediato a todo la eurozona; no olvidemos que la interdependencia económica con Alemania es demasiado grande. Tanto, como para que los demás países puedan marcharse de rositas. 
Por lo tanto, tenemos que pensar que el “paciente” europeo sigue en la UCI, que no se ha recuperado todavía. Los incompetentes médicos –los políticos– que están a cargo de los tratamientos andan cada día más perdidos. Y los “doctores” alemanes, que de momento son los que mandan, siguen manteniendo la misma medicación: austeridad. Con resultados más que cuestionables. 
Por otro lado, los países de la Europa “greco-romana” lo tienen cada día más complicado. Sus deudas son tan gigantescas, que aunque lleguen a recuperarse un poco, tardarán muchos años en saldarse. Curiosamente, existe la falsa percepción de que los préstamos no hay que devolverlos, se confunden con ayudas. Y no sólo hay que retornar los principales, sino los intereses que generan. Los acreedores no son Cáritas u otras organizaciones sin fines de lucro. 
Así que, la eurozona sigue en la cuerda floja, ¿hasta cuándo? Ni los más avezados economistas lo saben. Cada uno de esos expertos emite “su” particular versión de los hechos presentes y futuros. 
Y si alguno acierta, es un poco como la famosa fábula del burro flautista: igual suena…por casualidad.
Es obvio que las palabras del ministro Steinmeier denotan preocupación y nerviosismo. A lo mejor es que los alemanes empiezan a sentir cierto miedo a que se les escape de las manos su “proyecto” europeo. ¡Quién sabe!

 

Nerviosismo alemán