Para esconder las propias vergüenzas

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A los en mareantes no les gusta nada que Gerardo Fernández Albor haya recibido la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo. Para ellos, que haya dedicado la mayor parte de los cien años de los que disfruta a ocuparse del bien de los demás parece que no es mérito suficiente. Incluso quieren manchar su historia insinuando que fue una intervención suya en el Parlamento la que forzó su salida del Consello Consultivo ignorando (¿intencionadamente?) que esta renuncia se produjo mucho antes. Tal vez haya que buscar enemigos fuera que siervan para tapar las vergüenzas propias de esos comprometidos políticos. FOTO: Gerardo Fernández Albor | aec

Para esconder las propias vergüenzas