No hay para pan y compramos estampitas

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orre por la comunicación libre (facebook, twitter, whatsapp, y demás) una foto de una noticia de la Xunta de Galicia que decidió destinar 650.000 € a los servicios religiosos de los hospitales del SERGAS. De forma espontánea se originó un debate en el que asoman fuertes críticas. Es estupendo sentir que la sociedad está viva y mantiene el espíritu crítico.
Los sindicatos  piden que  no se pague con dinero público. Afirman que con ese dinero se pueden contratar a 15 médicos o 25 enfermeros. El PP alega que son 200.000 € solamente, y que lo pidieron los ciudadanos. El PSOE denunció que se está recortando en sanidad. 
Esta mañana me han pasado un correo con una petición de Change.org, unas madres piden que sus hijos sean vacunados de meningitis por la sanidad pública. 
Esto es sólo un ejemplo de los muchos ruegos que semana a semana nos hacen en la web. Ancianos dependientes totales o parciales que no tienen quien les cuide, o que sus hijos deben desatender sus obligaciones para ocuparse de ellos, viejos a los que no les llegan los pañales. Radiaciones en oncología que se posponen para dar prioridad a los que están en situaciones críticas, etc. etc. 
No se entiende que la Xunta tenga los oidos abiertos para atender rápidamente a quien, para morir, le pide un Avemaría, pero se mantiene sorda a muchas necesidades corporales mucho más esenciales. Una oración la puede hacer un hijo con su madre o su padre, no se necesita sacerdote alguno. 
Quizá haya que volver a las tesis de Lutero: los servicios religiosos no se pueden cambiar por dinero. No hay dinero suficiente para celebrar una misa, porque no es tangible, no pertenece a la esfera de lo físico, si hay común unión de los presentes , se celebra la comunión, pero eso es “sentimiento religioso”. Como el amor, ese sentimiento no se compra. No digamos si se trata de perdonar los pecados o de  la extrema- unción, tampoco se pueden pagar. O si se trata de bulas e indulgencias, que se compraban según la clase social. Esas son costumbres casi muertas, ritos ancestrales. Digo casi muertas, porque estos días iba una familia a comer junta el viernes santo en un restaurante, y les llamaron a casa para preguntarles si comían carne o debían preparar pescado.
Por otra parte, la Xunta debe valerse para los sanatorios de los sacerdotes voluntarios que no cobran, ni dentro ni fuera de un hospital, son voluntarios como los hay para otros temas. 
Tampoco precisan mantener una capilla católica, en todo caso, una sala multiusos donde puedan reunirse los de cualquier credo.
¿Dónde podemos enmarcar tanta generosidad de la Xunta?. Las partidas para sostener a los sacerdotes en clínicas y hospitales debían de aparecer en los presupuestos en el sector de la propaganda. 
Las sospechas recaen en el intento de mantener costumbres trasnochadas. Los curas en los hospitales, son como el nacionalcatolicismo, curas en todos y cada uno de los sectores. La iglesia como valor absoluto por encima de todo, seas o no católico. El sentimiento religioso en la enseñanza, en el Valle de los Caídos, en el humor, en las obras de teatro, en los programas de televisión, etc. Es tremendo que a estas alturas del siglo XXI, no se valore lo importante y trascendental, frente a lo ritual y anecdótico. Por qué no subvencionan a los religiosos que se ocupan de recuperar a los drogadictos, de recoger a los refugiados, de reunir comida para repartir entre los menesterosos. 
A los hospitales van, y mueren en ellos, enfermos de todas las ideologías. Todos, sean creyentes de lo que sean, se merecen un acompañante, pero el mejor de todos será aquél que fue su amigo. Sí creo y practico; tengo colegas que me acompañan a los actos religiosos. A esa persona llamaré para que me acompañe, si lo necesito.  Entra en el menú de los actos no lúdicos, y forman parte de las “obras de misericordia” : visitar a los enfermos y enterrar a los muertos. 
Va siendo hora de que los actos religiosos pasen a la intimidad, a la privacidad, y que cada cual los disponga a su manera. Para terminar, a ver si vamos separando la religión de los poderes públicos y nos convertimos en estado laico, con el mayor respeto para propios y extraños.
 

No hay para pan y compramos estampitas