Manca finezza

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Nos falta finezza. La hubo en el momento más duro, en los años de la Transición, cuando los políticos de uno y otro bando salieron de sus trincheras y se encontraron en tierra de nadie, como alemanes, franceses y escoceses en Feliz Navidad de Christian Carion. Después, cuando todo debía ser menos difícil, fue más fácil  construir acuerdos pagando el peaje a grupos nacionalistas, tal y como las taifas musulmanas pagaban las parias a los reinos cristianos del norte peninsular.
Ahora hemos regresado a las trincheras, porque falta desde hace tiempo cintura y empatía no sólo en los líderes políticos, sino también en demasiados militantes que empujan a la gresca.
Se ha elevado Juego de Tronos a la categoría de ideología, usamos las redes sociales como arma arrojadiza, y escasean los constructores de pistas para que aterricen los conflictos, una vez agotado su combustible por puro cansancio.

Manca finezza