A mal tiempo...

Está claro que existe una diferencia abismal entre el tiempo real y el que perciben las personas. A estas alturas, si a un gallego, al menos de la mitad para el norte, se le pregunta por el verano echará pestes y dirá que es nefasto. Por la contra, los servicios meteorológicos aseguran que el pasado mes de julio fue cálido y ligeramente seco. Y esto pese a esas lluvias torrenciales, con granizo incluido, que dejaron un centenar de coches como un queso de gruyer en Lalín. Y si hablamos de agosto, la cosa va peor. Galicia es la reserva térmica de la Península y el cambio climático está trayendo sequía, pero no más días de sol, algo que, en el fondo, no causaría demasiados problemas a la mayoría de los ciudadanos de estos pagos. Es posible que la situación todavía se normalice. Que el maldito anticiclón de las Azores se centre en su deambular atlántico y vuelva al sitio en el que se supone que tiene que estar, impidiendo la entrada de borrascas por el norte, pero mientras eso no pasa, habrá que conformarse con lo que hay.

A mal tiempo...

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