Kamarada Günter

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Hace unos días escuché por la radio una noticia que me llamó la atención. Se trataba de la historia de un joven alemán llamado Günter Zettl, que apenas tenía 18 años en el año 1969, fecha en la que se encuadra esta historia. El bueno de Günter, que le tocó vivir en la zona comunista de la extinta RDA, escuchaba habitualmente un programa de música de una cadena de radio del Berlín Occidental. Uno de esos días, la emisora anunció que regalaría un disco del grupo “The Creation” a aquella persona que descubriese el título de la canción que a continuación se emitía. Este alemán oriental, gran aficionado a la música pop, de inmediato reconoció la canción; se trataba de “Painter man”. A todo filispín compró una postal y la envió a la emisora con los datos correctos. No tuvo respuesta alguna y por supuesto no ganó el vinilo. Más de cuarenta años después, y en concreto en el año 2010, decidió consultar los archivos de la Stasi, la sanguinaria policía comunista, pues en ellos aparecía su nombre. Sorprendido, ya que nunca se había metido en política, quiso saber el porqué de su inclusión en la lista de los “enemigos del pueblo”. En la dependencia pública del Ministerio del Interior en el cual le mostraron su expediente, descubrió que el motivo había sido el envío de la referida postal a la mencionada cadena de radio occidental. Simplemente por eso fue investigado y vigilado durante un tiempo.
Hace unos días la emisora se enteró de su historia y le ha hecho entrega, al ya anciano Günter, de una copia del disco original. Al enterarme de esta noticia me surgió de inmediato una pregunta. ¿Los Kolectivos de bandeirantes, nacidos algunos en el siglo XXI,  portadores de enseñas con hoces y martillos, tricolores o  gallegas con la estrella roja, que vemos habitualmente en las manifestaciones, conocen la simbología que usan como signo de libertad y progreso? Sinceramente, yo creo que lo ignoran. Es muy fácil ser rojo en un país democrático del primer mundo occidental. Pueden llevar las camisetas de Ches y Maos que les salen del níspero sin ser molestados; pueden escuchar la música que quieran y donde quieran; pueden enseñar las mandorlas y la sobacada ante un cardenal. Pero eso sí, queridos lectores, estoy esperando el día en que se atrevan a hacerlo en la Meca.

Kamarada Günter