NAVANTIA ANTE EL LASTRE

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La constatación de que Navantia deberá tener el visto bueno de Bruselas para optar a la construcción de cuatro gaseros para Repsol-Gas Natural indica, una vez más, hasta qué punto los acuerdos de 2005, suscritos por los sindicatos estatales presentes en el grupo, continúan lastrando el futuro de los astilleros públicos. Si la justificación de entonces se basaba en que la continuidad de la compañía estaba supeditada desde la Comisión Europea a la ampliación del veto a la construcción civil, como se sabe hasta el 31 de diciembre de 2014, no es menos cierto que tal imposición ha limitado en exceso la pervivencia de las factorías, sobre todo una vez constatado el escaso mercado militar actual, constreñido como pocos por la crisis. A Bruselas se le dieron todos los argumentos –concesión de ayudas ilegales– pero también todas las armas para sepultar la construcción civil en España.

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