El ocaso de la CUP

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LA lucha proletaria no es barata y menos cuando se elige Suiza como campo de batalla. Allí un adulto necesita disponer de 1.200 euros al mes para hacer frente a los gastos corrientes, y eso sin contar con el alquiler, pues un piso de una sola habitación anda por los 1.600 euros. Así no hay economía que resista, ni aunque sea la de Anna Gabriel, la mayor influencer de la Cataluña contemporánea, que fue capaz de imponer la moda de cortarse el pelo al estilo de las nekanes. Ahora en su versión de niña pija, con la melena suelta y sin flequillo, va camino de la pobreza vergonzante, pero tiene la suerte de que la CUP no está dispuesta a dejarla tirada y después de montar un concierto con el que recaudó 9.000 euros, ha decidido abrir una cuenta corriente para enviarle unas remesas. ¡Qué vergüenza que unos antisistema recurran a semejante estrategia! Que pasen el platillo después de la actuación de unos perroflautas cuyo pulgoso chucho baile en una escalera de mano como la cabra de los gitanos aún bueno, pero utilizar los servicios de un banco...

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