Tragicomedia catalana

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Si no fuera por lo trágico que en el fondo late de la situación catalana, el esperpento no podría alcanzar sino la categoría misma de comedia. De la necesidad virtud, y de la necedad estupidez. Lo que estamos viendo es la consumación final del disparate y la estulticia que la deriva y el ansia de poder al precio que sea es capaz en esta desolado paisaje carente de autocrítica y de reflexión. El erial en que la política se ha ido convirtiendo en los últimos años, erial de conciencia crítica y de reflexión audaz, hasta convertirse en problema y no en solución, alcanza en Cataluña cotas de ininteligibilidad pasmosa.
Lo acaecido el domingo en la asamblea de más de 3.000 militantes de un partido antisistema y anticapitalista, dejemos el resto de anti para no despistarnos mentalmente, roza el sarcasmo, la ironía y si me apuran el justiprecio que merece la deriva de Artur Mas, que no contento con dilapidar su otrora partido, de saltar a un vacío sin red con tal de salvarse el y unos cuantos que lo rodean, es capaz de llevar a tierra de nadie, o a tierra quemada, ese país que tanto anhela y del que pretende convertirse en adalid y redentor. El vacío que ha generado, la estrategia que le han diseñado, la embriaguez de arrogancia con la que se envuelve, y el victimismo jaculatorio llevado al extremo de la palinodia mental han alcanzado extremos de insoportable y audible sensatez y prudencia en un político que quizás alguna vez se tuvo por tal. 
Depender hasta el extremo de la sublimación y genuflexión total y absoluta, arrodillarse cual burgués defenestrado ante mencheviques o bolcheviques disfrazados de ya no se sabe muy bien qué es síntoma del bloqueo total institucional, político, partidista, social y mental. Ya no se trata de honestidad y decencia en la vida política. Se trata del decoro y el coraje frente a quienes se ríen hasta el extremo de la humillación. Porque eso es lo que está sucediendo en la Generalitat en estos momentos. Un presidente en funciones que suplica, que implora y que es abofeteado y humillado. Impenitentemente. Sin pausa, sin prisa, con saña y frialdad. Todo se hace depender de un voto, el 1.516. El destino de un pueblo en manos de un voto. 
El fruto inequívoco a una cosecha de fragmentación, división, fractura y genuino aquelarre de egos trufados de vanidad, arrogancia, indecencia e ilegalidad. Sentimos emplear en estos tiempos de rasgamiento de vestiduras el término indecencia. Pero no se nos ocurre otro mejor. Tiempos de indecencia, también en Cataluña. Quien no rompe ahora lo hará dentro de unos meses por la ingobernabilidad que se avecina. Artur Más allá de dependencias e independencias alegales. 

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