Presupuestos municipales

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al fin, después de años de desencuentros en la pugna por la aprobación de los presupuestos municipales, se han logrado unos que convencen a una parte y no a la otra. No llueve a gusto de todos. La ciudad ya cuenta con los presupuestos que sus regidores han tratado, con un incremente del 13% con respecto al anterior y suma la friolera de 260 millones de euros, lo que representa un costo por cabeza de ciudadano de 1.060 euros, a lo que hay que añadir el apoyo del arco municipal de sus responsables, excepto los populares. Los ediles socialistas muestran demasiado optimismo en la recaudación a optener, aunque no se tiene la certeza de que se pueda cumplir con el capítulo de ingresos, el optimismo en exceso, es reprochable, si a la postre no se cumple el objetivo marcado ¿De dónde saldrá el resto del montante? Seguro que del bolsillo del contribuyente, vía impuestos, tasas, multas y nuevos recargos de arbitrios municipales, en este caso los coruñeses pueden prepararse para rascar sus carteras y poder afrontar el exceso que se viene encima.
Lo cierto es que la recaudación está en marcha, el ciudadano sabe que se va a gastar su dinero, en partidas sean o no dedicadas a inversiones tangibles o de mantenimiento, así como cuáles van a ir a sostener un reguero de concesiones que cuestan mucho dispendio al ciudadano, si todo se paga con sus dineros, incluso el salario de los ediles que rigen nuestros destinos económicos, con más errores que aciertos. En este presupuesto no prevalecen los intereses ciudadanos por encima de cualquier otro. Si no, el afán personal de tener un lazo calibrado con sutileza, para ejecutar los mayores gastos que se originen, bien para afrontar facturas atrasadas o calcular un remanente de lo que ha de venir como consecuencia de los gastos proyectados bajo la fórmula de realizar a gusto de la corporación el lavado de cara de la ciudad, pero no de sus ciudadanos
La falacia no tiene límites y las ansias de gastar tampoco, todo ello a cargo del sufrido ciudadano, el cual se las ve y desea para salir adelante y a este no le vale el recurso del BOP, para solucionar su problema y dar validez a sus decisiones, tiene que currar duro para sostener a su familia y también a la corporación municipal. El parado se rompe su cabeza, buscando empleo. El comercio se haya inmerso en una vorágine destructiva que tiene que reinventarse cada día para sobrevivir de la continuada bancarrota en que está sumido.
En definitiva, el contribuyente, paga por exigencia legal y el Ayuntamiento, gasta a su antojo por prevenda real. No somos tan distintos de los contribuyentes de los siglos XVI-XVIII, donde el peso de las contribuciones recaía siempre en la clase social débil, es decir nada en los cinco siglos que nos separan ha cambiado, el sistema contributivo en nuestras vidas es continuista. No es que no tenga arreglo, es que no se quiere poner remedio a un hecho tan ancestral como la vida misma, unos pagan sin derecho a elegir y otros asumen el gasto a su libre antojo, sin preocupación ni responsabilidad civil y penal alguna, así son las cosas de palacio, ver y creer, las escasas diferencias que nos separan en el tiempo.

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