NIÑOS Y PRODIGIOS

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“El mito del niño-Dios está vivito y coleando en los EEUU del S.XXI”. Nada parece conmover más al gran público que ver y escuchar a un niño o una niña interpretando acciones y emociones musicales propias de los mayores. Así nace la “estrella” y con ella el golpeteo del dinero entrando en caja, los millones corriendo a la cuenta a través de Youtube. Amira Willighagen, ganadora a los nueve años del programa “Got Talent”, Jackie Evancho, que desde los diez se sitúa entre los primeros en la lista de éxitos clásicos, la violinista Midori, elegida a los once por Zubin Mehta, aclamada por Stern como la mejor intérprete infantil… son ejemplos de estos niños , cuya condición no es garantía del triunfo o el éxito a largo plazo. Algunos consiguen hacer grandes cosas en el futuro, otros tienen un final sombrío.
El tiempo es testigo de infancias sacrificadas para la consecución del triunfo, el dinero y la fama. Sobresaliente ejemplo es el de  Mozart, “el divino”, que ha dejado su huella indeleble en la historia de la creación muriendo paradójicamente arruinado, y que es uno y único. El padre de Beethoven también se empeñó en convertir a su hijo en prodigio, sin conseguirlo jamás. El refinado S. XVII habla de los “castrati”, en los que se sacrificaba la virilidad de los jóvenes cantores en pro de voces prodigiosas como las de Farinelli o Cafarelli. Aquí, en Ferrol, nos toca de cerca el caso de José Arriola, el célebre  Pepito Arriola que vivió sus días de vino y rosas entre la infancia y la juventud para morir triste y olvidado en Barcelona o su prima Hildegart, un caso sangrante que conmovió y sigue conmoviendo a los que lo conocemos. También Damasito, violinista precoz que en breve tratará la revista Ferrol Análisis.
Cierto es que también están Yehudi Menuhin, Artur Rubinstein, Martha Argerich o Daniel Barenboim, cuyas tempranas carreras instrumentales no impidieron el que hayan tenido una rica vida personal e intelectual. Pero nada es garantía de nada. Muchos son elogiados cuando llevan pantalones cortos y se olvidan en la pubertad. Algo que provoca dolorosas y tristes lágrimas.n

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