Levántate, anda

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Hay una cosa a lo que yo llamo, medio en broma, medio en serio, las enfermedades bíblicas. En principio las plagas las tenemos superadas. Aunque sólo teóricamente, ya que hace bien poco, este mismo verano, la langosta asoló parte de África. La verdad es que en ese continente tienen muy mala suerte en lo tocante a esto, porque ya sabemos que allí está Egipto y las siete que tuvieron lugar en tiempos de Moisés fueron un pasote. Estaba Ramsés que no conocía. También durante la pasada temporada estival pasaron lo suyo en Cerdeña con las malditas langostas. Y aún si hubiesen sido de mar, pues ni tan mal… Pero es que poner a estos insectos como primer plato en una comunión, por ejemplo, pues no me parece muy de recibo. Digo yo.

Dejando de lado todo este asunto de corte epidémico, volvamos a lo de las enfermedades bíblicas. Repito, término bajo mi cuño, que no hay rigor médico de ningún tipo en esta denominación. No sea que acabe por darles lugar a equívocos. Suelo jugar a esto cuando hablamos de alguna alteración dermatológica o similar. Algo entiendo de esto por experiencia propia, aunque la verdad no creo yo ser un caso patológico ni mucho menos, como para sacarme en peana de Santo. Lo que ocurre es que en alguna ocasión he pasado por un proceso fúngico que me ha hecho convivir con lo que los médicos llaman pitriasis blanca o pitriasis rosada. Que para los amigos se puede renombrar también como tiña versicolor. El desprecio del nombre no puede ser mayor, estarán de acuerdo. Tienen cada una su estilo en cuanto a síntomas y manifestaciones, así como orígenes diferentes. Y son más llamativas que graves, la verdad, pero saltan mucho a la vista y tú te crees que te vas a morir y todo. Muy rollito Judea, vamos. Por eso mi madre siempre me vacilaba apodándome “Ruth la moabita”. ¡Qué cachonda, eh! Es una crack. 

Así hago yo de parejita con mi amiga María, que cada vez que pilla un catarro y se toma un par de ibuprofenos, le sale un sarpullido que ni la lepra en sus mejores tiempos, oigan. Un cromo todo. Por eso digo, que hay cosas que para estar en 2019 parece que no sabemos erradicarlas y que la única vía de solución es una imposición de manos por parte del “mesías”. Al final nada, una cremita y andando. Más curados que Lázaro, nunca mejor dicho, y eso que lo suyo era bastante más grave. 

Levántate, anda