BRUSELAS Y EL DIQUE FLOTANTE

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Más de dos años después de que la sociedad comarcal iniciase la demanda sobre la construcción de un dique flotante para Navantia, Bruselas tiene por fin en sus manos la consulta del Gobierno central sobre la viabilidad del proyecto. La noticia llega en un momento de absoluta incertidumbre para el sector público, dada la ausencia total de noticias sobre futuros contratos, incluido el tan prometido del hotel flotante para Pemex, con las gradas locales ya totalmente vacías una vez que está próxima salida de la ría del segundo LHD construido para Australia. A la espera de conocer las conclusiones de la Comisión Europea sobre la petición española, de la que hasta el momento tampoco se sabe en qué términos se ha realizado, el hecho de que haya llegado a Bruselas indica que la presión social ha logrado impulsar una iniciativa que incluso la propietaria de los astilleros, la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales, daba por descartada ante lo que consideró un elevado coste de producción y una escasa rentabilidad a medio plazo. No son los únicios condicionantes. De hecho, los términos extremos en los que se suscribieron los acuerdos de 2005, que ampliaban en otros diez años el veto a la construcción civil para las factorías locales, pueden pasar ahora una factura difícil de solventar según qué criterios maneje la Comisión Europea. La posición de Madrid ha sido, en todo caso, más que ambigua pese a los requerimientos.

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