EL VIOLÍN DE MALIKIAN

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¡Hurra, hurra!
                El diablo cabalga sobre un arco de violín.
Shakespeare

Brillante, lírico, poético y febril. Así sonó el violín de Ara Malikan con el que despedimos unas fiestas pasadas por agua. Un violín al servicio de la emoción que provoca y produce siempre la buena música, interpretando compases arrancados de la tradición –dejes de flamenco que Malikian toca “a su manera” o de  raíz sefardí–, composiciones propias –como la improvisada Fantasía Ferrolana Nº 3–, canciones versionadas de las grandes estrellas del rock y también obras de la herencia clásica –Vivaldi con sus Cuatro Estaciones o La Vida Breve de Falla–. Tradición culta en la que se formó el excepcional violinista libanés desde muy temprana edad, persistiendo su empeño y su talento aún en difíciles circunstancias, que le llevaron a estudiar incluso en los refugios antiaéreos en la guerra civil de su país natal.
Alemania, Londres y España serían los nuevos rumbos de la trayectoria artística de Malikian, cuya actividad musical es poco menos que febril: premios, cine, discos, conciertos y también orquestas sinfónicas –la de Tokio, Bamberg, Moscú o Madrid… en donde actúa como primer violín–. “Unos salen del armario, yo salgo del foso” –de la orquesta, claro está–, apuntaba el intérprete con el humor como pincelada  entre tema y tema. Pero su espacio natural, como él mismo afirma, son los conciertos en directo, donde se puede “sentir la magia del público”, en el  “tú a tú” que se genera entre el emisor y el receptor. Química, corriente, comunicación especial que sólo se consigue y se manifiesta con la música, cuando la técnica es mero trámite para dar pasó a lo que realmente importa: llegar al mundo intangible del alma, al universo de la emoción (sentimental e intelectual). Esto ha conseguido Malikian con el público ferrolano, que vivió entregado el concierto de la Plaza de Amboage vibrando con las cuatro cuerdas de su violín.

EL VIOLÍN DE MALIKIAN