Podemos es tóxico

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Hasta ahora me limitaba a mostrar mis diferencias con una fuerza política con la que no comparto nada. El mismo derecho que ellos tienen para hacer sus planteamientos lo tenemos los demás para mostrar nuestra disconformidad con los mismos. Hasta aquí todo normal en el funcionamiento democrático de una sociedad avanzada. El problema surge cuando desde esa fuerza política, que aún tiene el apoyo de algunos españoles, se realizan planteamientos sectarios que ofenden a muchos y a la inteligencia de todos. 

Su ataque a la generosidad de Amancio Ortega se da de bruces con el concepto más elemental de la solidaridad bien entendida. Ortega, que es un hombre hecho a sí mismo y que ha sabido labrar una inmensa fortuna desde la nada y sin más universidad que la de la vida, se ve atacado por regalar a los españoles la posibilidad de vivir cuando nuestra salud está en peligro. Lo hace, además, desde la sanidad pública, para que todo el que lo pueda necesitar tenga acceso a la última tecnología en la detección del cáncer y poder luchar así contra la temible enfermedad. 

Esto es algo que conocemos hasta los más legos en materia científica y, sobre todo, los que sufren en carne propia el ataque de este mal. Ortega paga sus impuestos, que se cuentan por millones y decide compartir parte de su fortuna para el bien común. ¿Dónde está el problema? Solo en la mente enferma de aquellos que proclaman el sectarismo maligno para atacar a toda la sociedad y, contra esto, no hay máquinas que Ortega pueda donar. 

La ventaja es que esta enfermedad, la del sectarismo ideológico con metástasis, no precisa de tecnología para su detección, basta con escuchar a los dirigentes de Podemos hablando de las donaciones de Ortega. Son muchos los votantes de la formación morada que se avergüenzan de las declaraciones de Iglesias y espero que muchos de ellos le nieguen su confianza en las urnas porque, ¿cuál es el mensaje de Iglesias? Puede querer decir que la solidaridad es mala o que la gente enferma no debe tener una oportunidad de salvar su vida o quizá que una persona no debe hacer fortuna trabajando o que aquel que ha creado más de 150.000 puestos de trabajo merece el reproche social en lugar del aplauso. 

Por eso es tóxico este partido que tampoco duda en negar la ayuda a los venezolanos que mueren de hambruna también por criterios ideológicos. Y esto lo hace aquel que pasó de hablar en nombre de los sin techo a montarse un palacete blindado en una urbanización de lujo para el bienestar de su familia y el suyo propio. Todo el mundo sabe cómo hizo Ortega su fortuna, pero nadie sabe cómo pasó Iglesias de la tienda de campaña a vivir en palacio, sobre todo en un país en el que los políticos no están especialmente bien pagados La mayoría silenciosa no puede permanecer callada por más tiempo, los jóvenes que estudian en el extranjero con las becas de la Fundación Ortega tampoco, ni los enfermos que se benefician de la solidaridad de Ortega, ni sus familiares ni ninguno de nosotros porque no estamos libres de necesitar las máquinas de Ortega, alguna de las cuales está empaquetada en el almacén de alguna institución. Entre Ortega e Iglesias, ¡siempre Ortega!

Podemos es tóxico