Falla todo (y II)

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En la mayoría de los casos, lo que sucede es que tras una denuncia por malos tratos (la que sea) se activa un protocolo, que básicamente consiste en detener al denunciado y su puesta  a disposición judicial. 
Es el operador jurídico quien actúa, recibiendo declaración a los implicados, y acordando  en consonancia o no con el fiscal una orden de alejamiento. Si en este primer momento hay conformidad, el forense valora a la victima y  se dicta una sentencia, que establecerá una pena que no va a requerir el ingreso en prisión. Como sabemos, para ingresar en prisión es preciso una pena superior a dos años en el caso de no tener antecedentes penales. En el seno de la justicia, en esa gran casa donde entran todos pero no todos son lo mismo resulta que hay grandes recelos en más de una ocasión a creer a la víctima. Ello sucede por varios factores: el detenido, a quien el juez no ha visto en su vida ni volverá a hacerlo, se mostrará como un “alma cándida”, ya que esa es una de las labores principales del abogado de la defensa, aunque existan otras, obviamente. 
La víctima de maltrato habitual es reacia a denunciar y en esos momentos iniciales tampoco está preparada para una batalla judicial y sólo quiere acabar cuanto antes. Esto es un caldo de cultivo perfecto, porque todos quieren lo mismo: terminar. El trabajo es excesivo y hay que quitárselo de encima. 
Por otro lado,  debemos tener en cuenta que en muchas ocasiones lo que se denuncia es un maltrato puntual, que se interpreta como discusión de pareja. Y es posible que con ello se busquen ventajas para obtener medidas coercitivas y beneficiosas para la mujer. 
Esto alimenta la creencia de las denuncias infundadas.  Sin embargo, no hay condenas por falsas denuncias. ¿Y porque no las hay? Porque nunca se actúa de oficio, aunque deba hacerse. 
Debe ser el perjudicado por la denuncia quien inicie un periplo judicial para llegar a una condena que se sume a la estadística. Y con esto no se afirma que existan muchas o pocas denuncias por falso maltrato. 
No se puede afirmar porque no hay base para ello, pero si sólo una mujer de cada mil efectúa una denuncia falsa está perjudicando a las que realmente necesitan protección y, además, esta sola denuncia es la mala hierba que contamina al resto.   Por lo tanto, falla el sistema en sí mismo. Se han creado juzgados de violencia y fiscales, que se dicen “especializados”, pero esto sólo es un titular. “A la realidad judicial le sigue faltando una pata”, como dice  la jurista María Naredo. ¡O dos!. 
Emma González. es abogada

Falla todo (y II)